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ZAZEN El silencio terapéutico

Publicado: noviembre 11, 2006 de administrador en Zen

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Autor: Manuel J. Moreno

Zazen es penetrar en la soledad personal más completa del ser humano(Taisen Deshimaru) No resulta fácil acercarse a una experiencia íntimamente ligada a un estado o cualidad de conciencia, como es la meditación en general y el zazen en particular. En primer lugar cabe decir que la experiencia meditativa es un fenómeno de orden interno, que “tiene lugar” cuando se dan determinadas circunstancias que lo permiten o bien lo favorecen de alguna manera. Es un estado de silencio contemplativo, una actitud instalada de forma natural en el ánimo y en el orden psicofísico que tiene una profunda cualidad reguladora y transformadora.

Y decimos que “tiene lugar” precisamente por el hecho de que la experiencia y el estado al que apunta la meditación no pueden ser forzadas o alcanzados por la determinación de la voluntad. La meditación puede ser abordada dialécticamente desde múltiples ángulos: desde el terreno de la filosofía, en el ámbito de la psicoterapia, desde una perspectiva espiritual, desde un enfoque religioso… etc. Constituye una experiencia objetiva de primer orden cuyo fin no está en sí misma sino en el objetivo al que apunta: establecer un vínculo consciente con el núcleo esencial de la psique, unificar en una actitud integradora el flujo y reflujo de la actividad inconsciente mediante una conciencia de sí caracterizada por la no discriminación.

En el zazen “…La actividad espiritual que hay que desconectar es la dirigida por uno mismo. El espíritu se mantiene activo en el zazen…”(Enomiya Lassalle) Hay que señalar que estrictamente hablando, zazen no es meditar en el sentido tradicional de la palabra y los monjes budistas rechazan abiertamente vincular el zazen con el concepto de meditación. Zazen significa por tanto, sentarse en una actitud zen. Así pues, la pregunta que cabe hacerse es: ¿qué es el zen? Y es aquí donde se acaban o deberían acabarse las palabras, porque precisamente el zen apunta a un estado de conciencia que está más allá del lenguaje conceptual y más allá de toda interpretación dualista de la experiencia. Un maestro zen ante dicha pregunta nos daría una respuesta desconcertante como por ejemplo: “El ciprés que habita en el jardín”, alejando así a quien pregunta de toda racionalización y conceptualización de la realidad que se aspira a percibir y experimentar. Aunque la práctica del zen, es decir, el zazen, proviene del Budismo, su práctica despertó en occidente un vivo interés en el ámbito de la psicoterapia y la psicología profunda, (“Budismo y psicología junguiana” J.M. Spiegelman, “Budismo zen y psicoanálisis” D.T. Suzuki, “El camino del zen” Allan Wats…) y su valor humano y espiritual ha sido asimismo reconocido por otras religiones como la católica (“El zen” Enomilla Lasalle). El valor terapéutico de esta práctica milenaria es difícilmente delimitable, pero sus efectos inmediatos desde luego pasan por la restauración del sosiego en estados de abierta ansiedad y angustia, asimismo supone el restablecimiento del equilibrio psíquico favorecido por una vía de acercamiento, de posicionamiento integrador respecto de los contenidos inconscientes.

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La conciencia se enraíza y adquiere una nitidez y amplitud que la fortalece notablemente, confiriendo a la persona un nuevo y más sólido centro de gravedad desde donde encarar mejor las vicisitudes internas y externas de la vida, desidentificando y desapegando la conciencia de aquello que la perturba. Este supone sin duda un camino de superioridad, de trascendencia interna sobre el mundo, al dejar de ser, paulatinamente, la persona un juguete de las circunstancias cambiantes de la vida. No obstante lo dicho, hay que señalar que la meditación y en particular el zazen está, en principio, “contraindicado” en personas con trastornos de tipo psicótico. Los contenidos latentes en el inconsciente de estas personas pueden encontrar abierto el camino para el abordaje inconveniente en la conciencia de contenidos destructivos o perturbadores provocando así estados patológicos. La posibilidad de este peligro debe ser muy tenida en cuenta.

El fenómeno que tiene lugar durante la práctica meditativa es de tal manera natural y objetivo que resulta totalmente irrelevante el hecho de que el practicante sea budista, cristiano, marxista o ateo, en otras palabras, la ideología y creencias personales no tienen la menor importancia ni inciden en el proceso transformador que se va desarrollando en la psique. La conciencia como valor supremo en el hombre está enraizada y se asienta sobre el inconsciente, siendo además “… una función esencialmente intuitiva” (Viktor E. Frankl). El zazen constituye una meditación de tipo intuitivo, no discursiva, en la cual tiene lugar el desarrollo de la conciencia junto con la función intuitiva de las cosas que le está asociada. Por otra parte se establece una importante y decisiva comunicación y comunión silenciosa con ese “otro lado de nosotros mismos”, con el inconsciente, donde no sólo encontramos elementos reprimidos y aspectos impulsivos de base, sino que alberga en sí mismo el trasfondo espiritual del ser humano y la dimensión arquetípica de las potencias vivientes y dinámicas de la vida, de la naturaleza que somos; “…De hecho sucede también ahora que lo que llamamos conciencia alcanza una profundidad inconsciente, un fondo inconsciente que es donde tiene su origen; precisamente las grandes y auténticas (existencialmente auténticas) decisiones del ser humano como <existente> son siempre enteramente irreflejas y por ello también inconscientes.

En su origen, pues, la conciencia se halla inmersa en el inconsciente.” (Viktor E. Frankl) Según Erik Rolf, “La meditación es, básicamente, desarrollar coraje para estar contigo mismo” y esta afirmación constituye a nuestro entender precisamente el primer escollo que debe ser superado para afrontar la práctica con la constancia y el interés suficiente como para que puedan revelársenos sus frutos. Si la persona únicamente busca huir de sí misma, de su soledad, del silencio primordial de la vida, estará indefectiblemente condenada a la insuficiencia personal y su equilibrio y estabilidad dependerán de factores ajenos a sí misma.

La meditación supone la apertura vigilante y despierta a la presencia silenciosa del Sí mismo como arquetipo de la totalidad psíquica. Es de justicia darse cuenta, de que esta conciencia nítida e interiorizada, profunda, obviamente se da de manera natural y espontánea en muchas otras actividades ajenas a la meditación y al zazen, y en personas de toda índole y condición, pero en todo caso siempre con el mismo talante y actitud interior, reverente, sobrio, atento… nacidas de un corazón que anhela el reparador e inmanipulable contexto de la verdad.

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 Bibliografía:“Meditar. Porqué y cómo”. Karlfried Graf Dürckheim – ed. Mensajero“El Zen”. H.M. Enomilla Lassalle – ed. Mensajero“La presencia ignorada de Dios”. Viktor E. Frankl – ed. Herder“Budismo y psicología junguiana”. J.M. Spiegelman – ed. Indigo“Arquetipos e inconsciente colectivo”. C.G. Jung – ed. Paidós“El anillo de la Vía”. Taisen Deshimaru – ed. ibis