Archivos de la categoría ‘Templarismo’

Los Caballeros Templarios

Publicado: noviembre 26, 2006 de alcion en Templarismo

templario

La piedad de superstición de la época había inducido a multitudes de peregrinos en los siglos XI y XII, a visitar Jerusalén con el propósito de ofrecer sus devociones al sepulcro del Señor y los otros santos lugares que se encuentran en esa ciudad.
Muchos de estos aventureros religiosos eran hombres débiles y ancianos, casi todos ellos sin armas, y la mayor parte de ellos estaban sujetos al insulto, pillaje, y con frecuencia a la muerte, infligida por las hordas de Árabes quienes, aún después de la captura de Jerusalén por los cristianos continuaron asolando las costas de Palestina y los caminos a la capital.
Con el fin de proteger a los piadosos peregrinos quienes de este modo se exponían al hurto y al ultraje corporal, nueve caballeros franceses, partidarios de Baldwyn, se unieron, en el año 1118, en una confraternidad militar o hermandad dedicada a las armas, e instituyeron un pacto solemne para ayudarse recíprocamente en despejar los caminos, y defender a los peregrinos en su paso a la ciudad santa. Dos de estos caballeros eran Hugo de Payens y Godofredo de San Aldemar. Raynouard (Los Templarios) dice que los nombres de los otros siete no han sido conservados en la historia, pero que Wilke (Geschichte des T. H. Ordens) los menciona, siendo Roral, Gundemar. Dodofredo Bisol, Payens de Montidier. Archibaldo de San Aman, Andrés de Montbar, y el Conde de Provenza.

imagen1.jpg

Uniendo el carácter militar con el monástico, celebraron en presencia del patriarca de Jerusalén, los votos y juramento acostumbrado de la pobreza, castidad y obediencia, y con gran voluntad asumieron el título de “Humildad Soldados de Cristo”. Baldwyn, rey de Jerusalén, asignó para su residencia una parte de su palacio que se encontraba cerca del sitio que ocupaba antes el Templo; y los Abates y Canónigos del Templo les otorgaron, como lugar en el cual podían almacenar sus armas y municiones, la calle que se encontraba entre el palacio y el Templo, de donde derivaron el nombre de Templarios, título que retuvieron desde entonces. Raynouard dice que Baldwyn envió a Hugo de Payens a Europa a solicitar una nueva cruzada, y que durante su permanencia ahí presentó a sus compañeros ante el Papa Honorio II, de quien suplicaban el permiso para formar una orden militar religiosa en imitación de la de los Hospitalarios.

El pontífice los recomendó a los concilios eclesiásticos los cuales se encontraban en sesión en Troya, en Campagne. Payens se encaminó de aquí a ese lugar, habiendo manifestado los padres la vocación de él y sus compañeros como defensores de los peregrinos; la proposición fue aprobada, y le fue ordenado a San Bernardo el prescribe reglamentos para la Orden naciente. Este reglamento, en el que los Caballeros de la Orden se llaman Pauperes commolitis Christi et Templi Salomonis, o “Los Humildes Soldados de Cristo y del Templo de Salomón”, aún existe. Consta de setenta y dos capítulos, cuyos detalles son notables por su carácter ascético.. Unieron varios ejercicios devotos y severos, disciplina, ayuno y oración. Prescribía para los caballeros declarados vestiduras blancas como el símbolo de una vida de pureza; los escuderos y criados debían vestir de negro. Al traje blanco, el Papa Eugenio II posteriormente agregó una cruz que debía usarse sobre el pecho izquierdo como símbolo de martirio. Hugo de Payens, proveído de esta manera con una ley que le proporcionaba la permanencia a su orden, y animado por la aprobación de la Iglesia, regresó a Jerusalén, y llevando consigo muchas reclutas de entre las familias más nobles de Europa. Los Templarios poco después se distinguieron de un modo prominente como guerreros de la cruz. San Bernardo, quien los visitaba en su retiro del Templo, habla en los términos más elocuentes de su abnegación, su frugalidad, su modestia, su piedad, y su bravura. “Sus armas”, dice, “era su único aderezo, las que usaban con valor, sin temor al número o fuerza de los bárbaros. Toda su confianza estaba en el Señor de las Huestes, y al pelear por su causa obtendrían la segura victoria o una muerte honorable y cristiana”. Su bandera era el gallardete, de los colores blanco y negro divididos, indicativos de la paz para sus amigos, y la destrucción para sus enemigos. En su recepción cada uno de los Templarios juraba no voltear su espalda ante tres enemigos, pero si se encontrase solo, combatirlos si eran impíos. Era su costumbre decir que el Templario debía morir o vencer, desde el momento en que no tenía que otorgar por su rescate, sino su cíngulo y su puñal. La Orden del Templo, al principio excesivamente simple en su organización, en poco tiempo llegó a ser muy complicada. En el siglo duodécimo estaba dividida en tres clases, que eran Caballeros, Capellanes, y Hermanos del Servicio.

imagen2.jpg

1. Los Caballeros; se requería que cualquiera que se presentase para ser admitido en la Orden, debía probar que había nacido de familia digna, y de himeneo legítimo; de que estaba libre de todas las obligaciones previas; de que si era casado, o de si tenía compromiso de matrimonio; de que no hubiera hecho ningunos votos de recepción en otra Orden; de que no estaba comprometido en deudas; y finalmente, de que estaba dotado de una constitución saludable y de un cuerpo sano.

2. Los Capellanes. La Orden del Templo, diferente de la de los Hospitalarios, consistía al principio únicamente de legos. Pero la bula del papa Alejandro III, expedida en 1172, confería permiso a los Templarios de aceptar en sus casas a personas espirituales que no estuviesen ligadas con juramentos previos, cuyo nombre técnico era el de capellanes. Eran requeridos para que sirviesen en el noviciado de un año. La recepción era, excepto en algunas ocasiones no aplicable a la clerecía, lo mismo que en la de los Caballeros, y eran requeridos de hacer únicamente los tres votos de la pobreza, castidad, y obediencia. Sus deberes: el desempeño de los cargos religiosos, y oficiar en todas las ceremonias de la Orden, tales como la admisión de miembros durante las instalaciones, etc. Sus privilegios eran de ninguna importancia, pues consistían principalmente en sentarse al lado del Maestro, y de servirles primero en la mesa.

3. Los Hermanos del Servicio. La única calificación que se requería del hermano del servicio, era que debía ser de nacimiento libre y no esclavo; pero con esto no debía suponerse que todas las personas de esta clase eran de condición servil. Muchos hombres, aunque no de noble linaje, pero de riqueza y posición elevada, se encontraban entre los hermanos del servicio. Éstos habían combatido en los campos de batalla bajo ñas órdenes de los caballeros, y del mismo modo desempeñaban en casa los oficios domésticos. Al principio no había sido una clase de ellos, pero después fueron divididos en dos los Hermanos de Armas, y los Hermanos de Oficio, los primeros eran los soldados de la Orden. Los segundos, que eran los más estimados, permanecían en las preceptorías, y desempeñaban varios de sus oficios, tales como los de herradores, armeros, etc. La recepción de los hermanos del servicio no difería, excepto algunos datos necesarios, de la de los caballeros. Éstos, por lo tanto, debido al accidente de su nacimiento les era prevenido anticipadamente la promoción de los de su clase. Además de estas tres clases había la cuarta, – por supuesto, no vivían en el seno de la Orden-, quienes se llamaban Afiliados o Affiliati. Éstas eran personas de varios rangos y de ambos sexos, quienes eran reconocidos por la Orden, aunque no francamente relacionados con ella, como correspondía a su protección, y admitidos a la participación en algunos de sus privilegios, tales como la protección de los interdictos de la Iglesia, los que no se aplicaban a los miembros de la Orden.

imagen4.jpgEl Gran Maestro residía originalmente en Jerusalén; y después cuando esa ciudad fue abandonada, en Acre, y finalmente en Chipre. Su deber siempre requería el que se encontrase en la Tierra Santa; y en consecuencia nunca residía en Europa. Fue elegido por vida dentro de los caballeros en la siguiente forma. En la muerte del Gran Maestro, era elegido el Gran prior para administrar los asuntos de la Orden hasta que podía ser elegido el sucesor. Cuando llegaba el día que había sido nombrado para la elección, el Capítulo por lo general se reunía en el centro principal de la Orden; y se proponía entonces a uno de los caballeros más estimados, en número de tres o más; el Gran Prior recogía los votos, y aquel que había recibido el mayor número era denominado para ser el Prior elector. En seguida un ayudante se le asociaba, en la persona de otro caballero. Estos dos permanecían toda la noche en la capilla empeñados en orar. En la mañana, elegían a otros dos, y estos cuatro, a dos más, y así sucesivamente hasta que el número de doce (el de los apóstoles) había sido seleccionado. En seguida los doce seleccionaban al capellán. Entonces los trece procedían a votar por el Gran Maestro, el que era elegido por mayoría de votos. Cuando la elección estaba completa, era anunciada a los hermanos en la asamblea; y cuando todos habían prometido la obediencia, el Prior, si la persona se encontraba presente, le decía: “En el nombre del padre Dios, el Hijo, y el Espíritu Santo, hemos elegido, y te elegimos Hermano N. para que seas nuestro Maestro”. Entonces, volviendo así a los hermanos, decía: “Queridos Señores y Hermanos, dad gracias a Dios; ved aquí a nuestro Maestro”. Los Capellanes entonces cantaban el Te Deum; y los hermanos, llevando a su nuevo Maestro en sus brazos lo conducían a la capilla y lo situaba ante el altar, en donde continuaba arrodillado, mientras que los hermanos oraban, y los Capellanes repetían el Kyrie Eleison, y el Pater Noster, y otro ejercicio piadoso.

En el siguiente grado al de Gran Maestro era el Senescal, que era su representante y teniente. Después venía el Mariscal, que era el general de la Orden. En seguida el Tesorero cargo que siempre estaba unido con el de Gran Preceptor de Jerusalén. Era el Almirante de la Orden. El Guarda Ropa era el oficial que seguía en rango, que tenía a su cargo las vestiduras y arreglos de la Orden. Era una especie de Comisario General. El Turcopolio era el comandante de la caballería ligera. Había también una clase de oficiales llamados Visitadores, cuyo deber, como su nombre indica, era el de visitar a las diferentes Provincias, y corregir abusos. Había también algunos oficiales subordinados destinados a los Hermanos del Servicio, tales como Sub-Mariscal, Porta-Estandarte Adbéitar, etc.
Organizada la Orden de esta manera, naturalmente aumentó su prosperidad y crecían sus posesiones en el Este y en Europa y tuvo que dividirse en provincias, gobernada cada una de ellas por un Gran Preceptor o Gran Prior; pues los títulos se usaban indistintamente. Sin embargo, el de Preceptor era peculiar a los Templarios,, mientras que el de Prior era común tanto entre ellos como los Caballeros Hospitalarios de San Juan. Estas provincias eran en número de quince, y son las siguientes: Jerusalén, Trípolis, Antioquía, Chipre, Portugal, Castilla y León Aragón, Francia y Auvernia, Normandía, Aquitaine, Provenza, Inglaterra, incluyendo Escocia e Irlanda; Alemania, Italia Central y Septentrional, Apulia, y Sicilia. De donde puede verse que no había lugar de Europa, excepto los empobrecidos reinos de Dinamarca, Suecia y Noruega, donde los Templarios no habían extendido sus posesiones y su influencia.
RECEPCION DE UN CABALLERO EN LA ORDEN El acto de la recepción de un Caballero en la Orden era una ceremonia muy solemne. Era secreta, y no se permitía estar presente sino únicamente a los miembros de la Orden. En efecto difería de la de los Caballeros de malta, cuya forma de recepción era libre y pública; y a esta diferencia entre la recepción pública y la iniciación secreta, es a lo que quizá puede atribuirse una parte del espíritu de persecución de la iglesia ha demostrado a la Orden en sus últimos tiempos. El hecho de que los Templarios tenían una iniciación secreta se concede generalmente en la actualidad, aunque algunos escritores lo han negado. Pero debido a las circunstancias en su favor que son demasiado grandes para superar en cualquier sentido, excepto n la forma positiva de lo contrario, la que nunca ha sido aducida. Es bien conocido que durante estas recepciones eran admitidos únicamente los miembros de la Orden; cuya prohibición no hubiera sido necesaria si las ceremonias no fueran secretas. En las juntas del Capítulo General de la Orden, era rehusado aun el mismo Legado del Papa. No sería honroso ni razonable citar las ciento veinte acusaciones promovidas contra los Templarios por Clemente, porque eran indudablemente falsedades malévolas inventadas por un Pontífice inmoral y sin principios medianeros de la concupiscencia de un monarca miserable; pues algunas de ellas son de tal naturaleza al grado de indicar que la creencia general de los hombres de la época. Así, encontramos en el artículo 32 que dice: “Quo receptiones istius clandestine faciebant”; i. e. que estaban acostumbrados a hacer su recepción en secreto. El 100 contiene estas palabras: “Quod sic se includunt ad tenenda capitula tu omnes januas domus et ecclesiae in quibus tenent capitula ferment adeo firmiter quod nullus sit nec esse possit accessus ad eso nec juxta; up possit quicunde videre vel audire de factis vel dictis eorum”; i. e. Que simbre que verificaban sus Capítulos, cerraban todas las puertas de la casa o iglesia en que estaban reunidos tan estrechamente, que nadie podía aproximarse bastante cerca para ver u oír lo que hacían y decían. Y el siguiente artículo es más singular, pues refiere que, con el fin de cuidarse de los escuchas, acostumbraban a situar un vigilante, como diríamos ahora un guardatemplo sobre el techo de la iglesia, “excubicum super tectum”, quien podía dar el aviso necesario.

imagen3.jpgEl atavío de los Templarios les fue prescrito por San Bernardo, en el reglamento que compuso para el gobierno de la Orden, y se describe en el capítulo XX, en esta forma: “A todos los Caballeros declarados, ya sea en invierno o en verano proporcionamos, si se pueden obtener, vestiduras blancas, para que aquellos que han dejado tras de sí las huellas de una vida de ignorancia, puedan conocer que deben procurar encomendarse a su Creador y pedirle una vida pura y sin mancha”. El manto blanco era por lo tanto el hábito peculiar de los Templarios, como el negro era de los Hospitalarios. Subsiguientemente, pues al principio no usaban la cruz, el Papa Eugenio III, les otorgó la cruz roja pattée como el símbolo del martirio, el que debían usar sobre el pecho izquierdo exactamente sobre el corazón. La iniciación general de San Bernardo referente a las vestiduras se desarrolló después, así, es que el vestido del Templario consistía en una larga túnica blanca, muy semejante en la forma a la del sacerdote, con la cruz roja en el frente y espalda; debajo de ésta llevaba camisa de lino abrochada con un cinto. Encima de ésta usaban el manto blanco con la cruz roja pattée. La cabeza era cubierta con un casco o capirote adherido al manto. Las armas eran la espada, lanza, maza y escudo. También al principio la Orden adoptó como sello de armas la representación de dos caballeros montando un caballo, como la señal de su pobreza, posteriormente cada caballero era provisto de tres caballos, a la vez que un escudero seleccionado generalmente de la clase de los Hermanos del Servicio. Para escribir la historia completa de la Orden Templaria referente a los dos siglos de su existencia, sería, dice Addision, tanto como escribir la historia Latina de palestina, y ocuparía un volumen: Sus detalles contendrían relatos de batallas gloriosas con los impíos en defensa de la tierra Santa, y de peregrinaciones cristianas, algunas veces afortunadas y con frecuencia desastrosas de arenas áridas humedecidas con la sangre de guerreros cristianos y sarracenos; de deshonrosas contiendas con su rival de San Juan; de partidas forzadas y definitivas de los lugares que sus proezas habían conquistado, pero que su fuerza no había sido suficiente para conservarlos, y algunos años de lujuria y puede ser que de indolencia desordenada, terminados por el cruel martirio y disolución.La caída de Acre en 1292, bajo el vigoroso asalto del Sultán Mansour, condujo desde luego a la evacuación de palestina por los cristianos. Los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, llamados después Caballeros de Rhodas, y entonces de Malta, huyeron a Rhodas, donde los primeros, asumiendo el carácter naval, reanudaron el estado de guerra en sus embarcaciones de remos contra los Mahometanos. Los Templarios, después de una breve quietud en la isla de Chipre se retiraron a sus diferentes Preceptorías que tenían en Europa.
Porter (Historia de los Caballeros de Malta, i. p. 174) no tiene panegírico para estos cobardes caballeros. Después de elogiar a los Hospitalarios por su perseverante energía con la cual, desde su isla natal de Rhodas, continuaban la guerra con los impíos, dice:
“El Templario, por lo contrario, después de su permanencia breve en Chipre, en lugar de proporcionar la ayuda más insignificante a sus hermanos caballerescos y dignos en su nueva lucha, huyeron con precipitación increíble hacia sus numerosas y ricas Preceptorías Europeas, en donde la tosquedad de su libertinaje, la pompa de su lujo y lascivia, y la arrogancia de su orgullo, pronto se convirtió en el objeto del odio más invencible entre aquellos que poseían amplios poderes para realizar su destrucción. Durante estos últimos años de su existencia puede mencionarse muy poco en defensa de la Orden; pues sin embargo de su inhumana crueldad con la cual se realizó su extinción ha aparecido un sentimiento de compasión en su favor, el que con mandato sincero trata de borrar la memoria de sus crímenes, pues aún no puede negarse que durante los últimos años se habían desviado de los propósitos originales de su institución de tal manera que se hicieron indignos depositarios de ese tesoro que les había sido legado para los fines tan inmensamente diferentes a los que se habían propuesto”.
El acto de crueldad y de injusticia por el cual fue disuelta la Orden Templaria en el siglo XIV ha legado la memoria ignominiosa o el recuerdo de los nombres de los infames reyes, y el no menos Papa infame que los realizó.. En el principio del siglo XIV se encontraba en el trono de Francia Felipe el Hermoso, príncipe ambicioso, vengativo y avaro. Durante su famosa controversia con el Papa Bonifacio, los Templarios como era su costumbre, se habían adherido al pontífice y se opusieron al rey; este acto exhaltó su odio; y como la Orden era enormemente rica, esto provocó su avaricia, y sus poderes intervinieron con sus designios de engrandecimiento político; y todo esto alarmó su ambición. Por consiguiente, concertó de un modo secreto con el Papa Clemente V el plan para su destrucción, así como para la apropiación de sus ingresos. Clemente, por su dirección y consejo, escribió en junio de 1306, a De Molay, el Gran Maestro que se encontraba en Chipre, invitándole a que viniese a consultar con él sobre algunos asuntos de gran importancia para la Orden. De Molay obedeció al llamado, y en los comienzos de 1307 llegaba a París con sesenta caballeros y grande cantidad de tesoro. Fue inmediatamente encarcelado, y, el 13 de octubre siguiente todos los Caballeros de Francia, en consecuencia de las órdenes secretas del rey fueron arrestados bajo la simulada acusación de idolatría, y otros crímenes enormes, de los cuales Squin de Flexian, Prior expulsado y apóstata de la Orden, se menciona haber confesado que los caballeros cometían actos delictuosos en sus Cabildos secretos.

Lo que significaban estas acusaciones no ha sido dejado a la suposición. Pues el Papa Clemente V envió la lista de las causas de acusación, alcanzando el número de 120, a todos los arzobispos, obispos y comisionados papales por los cuales debía de examinar a los caballeros que debían ser llevados para su aclaración. Esta lista aún existe, y en ella encontramos tales acusaciones, como éstas: 1. Que se requería a todos aquellos que debían inciarse en la Orden, jurar retractándose de Cristo, la Virgen María, y todos los santos. Que negaban que Cristo había sufrido por la redención del hombre. Que habían convertido a la cruz o crucifijo en un vaso para escupir. Que adoraban a un gato en sus asambleas. Que practicaban artes mágicas o encantamientos.
De tales cargos como éstos, contrarios a la naturaleza y a la razón eran acusados los caballeros, y por supuesto, condenados como conclusión hecha de antemano. El 12 de mayo de 1310, cincuenta y cuatro de los caballeros fueron quemados públicamente y el 18 de marzo de 1313, De Molay y el Gran Maestro y los tres principales dignatarios de la Orden, sufrieron la misma suerte. Murieron fielmente sosteniendo su inocencia de todos los crímenes que les imputaban. La Orden fue suprimida desde luego, por la energía del rey de Francia, apoyada por la autoridad espiritual del Papa, orden que se verificó en toda Europa.
Muchísimas de sus vastas posesiones que no habían sido apropiadas por los diferentes soberanos para su propio uso, o el de sus favoritos, fueron otorgadas a la Orden de los Caballeros de Malta, cuya aceptación del donativo no tendió a disminuir la mala disposición que había existido siempre entre los miembros de las dos Órdenes.

Autor/origen:
Gallatin Mackey

ociro

Orden Caballeresca e Iniciática La Rosa de Oro

Foro Mística

Anuncios

El Templo de Salomón como Centro Simbólico

Publicado: noviembre 26, 2006 de administrador en Templarismo

Artículo puiblicado en Templespaña (extracto).

Al describir el pensamiento arquitectónico medieval –escribe Sedlmayr- es casi imposible evitar los reflejos del “sentido simbólico” que caracterizan la arquitectura del periodo. En la consideración del templo de Salomón como edificio centralizado los aspectos simbólicos juegan sin duda papel de primer orden, y debieron contribuir a ello frente a la evidencia bíblica la identificación de la Cúpula de la Roca con el antiguo templo de los israelitas. El círculo o las formas poligonales regulares que a él se asimilan son para San AgustínSímbolo de virtud. Para Sicardi en el siglo XIII , las iglesias circulares son imágenes son imágenes del mundo y de la corona eternas. El círculo es la forma geométrica que alude a la infinitud y que representa la perfección y el cielo en culturas arcaicas muy diversas. Su identificación tácita con Cristo y con la iglesia, se realizaba, por tanto como un proceso lógico de asociación de ideas. La identificación medieval entre toda la iglesia y el templo de Salomón se ve reforzada por multitud de pasajes evangélicos. Nada por tanto tiene de extraño que el esquema fundamental de la cruz inscrita en un círculo se encuentre en casi toda la arquitectura cristiana, es la representación de la cruz inscrita en un círculo del cielo y el cuadrado de la tierra. Por otro lado el círculo es la representación del CENTRO, del lugar donde reside el poder y el punto donde cielo y tierra se comunican. Todo indica que el templo de Jerusalén podía asumir de modo natural un simbolismo circular, central cuya materialización arquitectónica podía perfectamente producir una iglesia circular o poligonal cubierta con una cúpula. Así los templarios en el mundo de la tradición judeo-cristiana tomaron como por símbolo el templo de Salomón, que debía tener entonces un significado puramente ideal, como la imagen del centro supremo.

LA IMAGEN MENTAL “TEMPLUM SALOMONIS “ Y “TEMPLUM DOMINI” (TESTIMONIOS LITERARIOS).

imagen5.jpg

Tras la última destrucción del Templo de Jerusalén por las tropas de Tito (70 d.C) y el aplastamiento definitivo de la resistencia judía, la explanada del Templo quedó abandonada. Resulta sin embargo muy curiosos ver el proceso seguido por los cristianos respecto a la localización y veneración de los Santos lugares mencionados en las Santas escrituras; mientras Jerusalén fue una ciudad cristiana sólo unos pocos puntos urbanos fueron objetos de atención especial. Después de la conquista persa (614d.C) y posterior caída en manos del Islam (638 d.C), se inicia la búsqueda frenética de lugares que atraigan al peregrino y anclen los recuerdos colectivos a puntos determinados del espacio físico. Es entonces cuando la explanada del Templo y sus edificios empiezan a ser mirados como reliquias que el cristiano debe apreciar en el doble papel de “recordatorios” y “santuarios”. El proceso es lento y por lo que se puede deducir de los textos que escriben los peregrinos, el templo de Salomón o el Templum Domini comienzan a ser identificados y venerados después de la construcción de la Cúpula de la Roca. La cúpula de la Roca fue levantada en el 72 de la Hégira (691-92d.C).

Su forma y las circunstancias así como las circunstancias que determinaron la aparición de este edificio han dado lugar a un amplio campo de trabajos de interés relativo para el tema que nos ocupa.A menudo se suele señalar la forma extraña de la mezquita:Un gran edificio octogonal con doble deambulatorio interior, cuya parte central está cubierta con una cúpula aupada en un tambor circular. Más que una mezquita es un monumento de peregrinación venerado, gigantesco relicario que encierra a LA ROCA, extraño monolito cargado de resonancias y connotaciones para las tres principales religiones monoteístas. “Sólo a través del antiguo personaje de Abrahan podía haber adaptado el antiguo simbolismo de la Roca a la nueva fe, puesto que en ningún símbolo estrictamente musulmán parece haber estado relacionado con ella en una fecha tan temprana”. Pero sea cual fuere la motivación concreta que llevó a la construcción de la cúpula, es cosa cierta que los judíos ya habían identificado la Roca como el lugar donde se apoyó el Arca de la Alianza, donde Jacob tuvo la visión de la escalera celestial y Abrahan estuvo a punto de sacrificar a Isaac. Los cristianos añadieron además numerosos “recuerdos” de la vida y pasión de Cristo y de la Virgen: Presentación (del niños-Dios y de María), circuncisión, disputa con los doctores, expulsión de os mercaderes, sitio desde el que predicaba al pueblo, la puerta dorada a por al que entra triunfante el Domingo de Ramos etc. Tras la toma de Jerusalén por los cruzados (1099), una distinción empieza a establecerse entre el “Templum domini” (cúpula de la Roca) y el “Templum Salomonis” (Mezquita de El-Aqsa).

Por supuesto que los dos edificios son desde ahora cristianos; el primero está regentado por canónigos regulares de S. Agustín y el segundo sirve como iglesia particular a los Caballeros del Temple que reciben este nombre precisamente por haberse instalado en el solar del edificio salomónico. La precisión del que el “Templum Domini” de los cruzados fue hecho por el propio Salomón ( los evangelios Apócrifos no dudan en situar ciertos episodios en la vida de Cristo en el Templo de éste), más la localización en el interior del mismo de todos los objetos y lugares vinculados al antiguo Templo nos obliga a pensar que tradiciones distintas y funciones contemporáneas se superponían. El restablecimiento de los Templarios en El-Aqsa, más la forma rectangular de la mezquitaFavorecían la denominación templum Salomonis. Por otra parte la perfección de la Cúpula de la Roca, su posición como iglesia octogonal en el centro de la explanada, unida a la veneración de judíos y musulmanes, hacían difícil el que no se localizasen allí los acontecimientos más importantes de la historia sagrada. Así en los siglos XII y XIII va a cristalizar una curiosa división funciones para cada uno de los templos. En el octogonal con cúpula, se situaban además de los sucesos y objetos ya mencionados, los episodios de la vida de Cristo: discusión con los doctores, expulsión de los mercaderes y, especialmente la circuncisión. En el otro templo tendieron a localizarse pasajes vinculados a la Virgen María.

A pesar de que la identificación del Templo de Salomón con la Cúpula de la Roca no estaba, como vemos, totalmente clara en el siglo XII, una serie de factores iban a reforzarla a lo largo de los siglos siguientes. Está por una parte su función como símbolo de la nueva iglesia fundada por Cristo, claramente expresada en las inscripciones puestas por los cruzados (entre otros letreros Guyanés Wirziburgensis nos transmite, hacia 1165, el siguiente: “Bene fundata est domus Domini supra firmam petram”). Era lógico que esa iglesia se asentara sobre la antigua que usase “el mismo edificio”. Por otra parte, ya lo hemos mencionado, la fascinación de tal construcción en una plaza gigantesca, pavimentada de mármol, no debió ser escasa. Nada parecido podía entonces comparársele en Europa (En T. Tobler, Descriptiones… Op. Ciit pp 207 y 208. La imagen de un edificio centralizado en una plaza despejada, que tanto parece haber obsesionado a los artistas del Renacimiento, debe haber tenido su origen en los recuerdos vagos y en las descripciones de Jerusalén).

imagen6.jpg

LOS CABALLEROS TEMPLARIOS Y EL TEMPLO DE SALOMÓN

La influencia del Templo de Jerusalén se plantea de modo más claro con las iglesias centralizadas atribuidas a los Templarios. Como es sabido la orden fundada en 1118 por Hugues de Payens fe al principia aloja en el palacio del Rey Balduino II (la antigua mezquita de El-Aqsa).durante nueve años se mantuvieron en una lenta gestión hasta que en Febrero de 1128, su regla fue aprobada en Troyes. Una expansión prodigiosa permitió a la orden multiplicar sus fundaciones no sólo en oriente sino en los países occidental es:. Lo s Reyes de Jerusalén trasladan su residencia a la Torre de David y los templarios se convierten asió en propietarios de este “Templum Salomonis” que les habría dado nombre. No conviene sin embargo perder de vista que el Templum Domini siguió siendo regentado por los canónigos de San Agustín., esto parece reforzar la tesis de Lambert para quien el problema se reduce a los siguientes puntos: 1.- Muchas iglesias centralizadas atribuidas a los templarios no habrían pertenecido nunca a esta orden (algunas tienen carácter funerario.2.- La mayor parte de las iglesias pertenecientes a los templarios no son centralizadas.3.- En las iglesias centralizadas pertenecientes a los templarios no habría ninguna influencia de la Cúpula de la Roca; se trataría entonces de imitaciones de otros edificios occidentales o de casos muy particulares como el de Segovia o Tomar.

Pero el “positivismo” de Lambert pasa por alto algunos datos de interés. Sabemos por un lado, que el gran maestre de la orden del Temple Achard d’Arrouaise contó en un poema latino los acontecimientos maravillosos vinculados a la Casa del Señor asi como su aspecto con ricos mármoles y mosaicos… En 1142 la iglesia tuvo su consagración solemne como con participación del legado Alberio, el Obispo de Ostia, del Católicos de Armenia y de otros numerosos prelados de oriente y occidente. La Cúpula de la Roca podía figurar con todos los honores en el escudo de los Reyes de Jerusalén junto al Santo Sepulcro y la Torre de David. También era lógico que los Templarios adoptaran este edificio como símbolo de su orden. Su proximidad a él estaba además reforzada por una serie de simbolismos de inequívoca tradición con el Templo-Cúpula de la Roca. La tienda del Gran Maestre era redonda y evocaba al Tabernáculo y al “Templum Domini”. En el famoso “Bucéfalo” o estandarte de los Templarios se podía leer “Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da Gloriam”. Parece que estos caballeros tenían devoción especial por el evangelio de San Juan, y sería precisamente su deseo de realizar en la tierra la Jerusalén Celestial lo que les habría llevado a usar simbólicamente el Templo de Salomón. Ellos serian defensores y servidores del Templo visible (y del Santo Sepulcro; recuérdese la “proximidad” entre ambos edificios) en tanto en cuanto éste era una prefiguración del Templo místico o ideal. En este contexto creemos que puede ser, muy conveniente el reexamen de algunas iglesias centralizadas que, con una aceptable verosimilitud, se pueden vincular a la orden de los Templarios. Quizás la clasificación de ciertos ejemplos significativos permita una relectura del problema en su totalidad.

IGLESIAS DE PARIS Y LONDRES

La iglesia de París es sin duda la más importante de los Templarios en Occidente. Y aunque fue destruida en 1811 es, bien conocida gracias a descripciones, dibujos y planos. El núcleo primitivo, antes de los añadidos longitudinalmente del coro y de los pies, era una rotonda construida hacia mediados del siglo XII. Media 20 metros de diámetro aprox. Lo cual es bastante para una iglesia centralizada. La disposición interior constaba de un anillo de seis pilares que creaba un espacio central, cubierto con cúpula, y un deambulatorio. Este tenía rudimentarias nervaduras que formaban en la planta triángulos equiláteros e isósceles, de modo tal que cada tramo “libre” interior recibía un contrafuerte central al exterior. Viollet.le-Duc afirma que el trazado se había obtenido mediante superposición invertida de dos tr9iángulos equiláteros. Este era el Sello de Salomón y David, alusión directa al Templo que tan especial significación tenía para los templarios. Su forma circular, con posteriores añadidos longitudinales, recuerda más al Santo Sepulcro, pero las evocaciones simbólicas están más próximas a los significados de la Cúpula de la Roca.

Con la Iglesia del Temple de Londres nos encontramos ante un problema muy similar. Es evidente su parecido con la de París y no es aventurado suponer una influencia directa. La rotonda fue consagrada en 1185 y es, por tanto, posterior al supuesto modelo francés. Lambert señala también que el “old temple” era al parecer de planta circular. La abundancia de estructuras similares en Inglaterra le lleva a aventurar la existencia de una tradición local que sería anterior a la introducción en ese país de la orden de los templarios. Esto sin embargo no soluciona el problema. Faltaría entonces saber por qué los templarios adoptan esta “tradición” en iglesias de importancia como Londres o París. También habría que explicar el origen último de esas tendencias a la construcción de iglesias centralizadas. Nada impide pensar en una influencia hierosolitana anterior a la llegada de los templarios a Europa; ésta podía haberse reforzado y cargado con nuevas connotaciones (especialmente la salomónica) cuando los caballeros del Temple se instalan en los países occidentales.

Dante y esoterismo templario

Publicado: noviembre 26, 2006 de administrador en Templarismo

 dante

Autor: Dr. Carlos Raitzin

De la filiación templaria laica de los Fedeli d’Amore nos hemos ocupado extensamente en otro artículo y no repetiremos sino en mínima medida lo dicho allí. La clave es ahora Dante Alighieri, figura principalísima de los Fedeli d’Amore, tanto con sus palabras como con sus silencios y de eso pasaremos a ocuparnos. Como bien dice Georg Rabuse en su libro “Der kosmiche Aufbau des Jenseitsreiche Dantes”: “La Divina Comedia más de seiscientos años despues de la muerte de Dante es un libro cerrado con siete sellos”. De la fidelidad al Temple de Dante no cabe duda razonable alguna. Es San Bernardo mismo a quien él elige para que lo guie en la última etapa de su ascenso a Dios. Es a París a donde Dante corre cuando se inicia el inicuo juicio a sus Hermanos Caballeros. Una cuestión largamente debatida es el significado simbólico del VELTRO (lebrel) mencionado por Dante. René Guenón analiza este problema en su libro “L’ésoterisme de Dante”. Pero en suma lo reduce a juegos verbales que toma de otros autores sin aportar una solución definitiva a este problema. Mucho más convincente nos resulta el aporte de Giovanni Papini quien identifica el VELTRO con el “VangELo eTeRnO” (Evangelio Eterno) mencionado también en “El Libro del Bautismo de Fuego” o Estatutos Secretos del Temple (Papini “Dante vivo”, Apolo, Barcelona, 1949). En realidad, como el mismo Papini señala, existen centenares de escritos sobre este problema esencial para la comprensión del Dante. Papini estima que puede tratarse de una alusión a las doctrinas de Joaquín de Fiore. Estas doctrinas aludían a la próxima venida del Espíritu Santo y su reinado y eran conocidas en tiempos de Dante precisamente con el nombre de VANGELO ETERNO. Esto culminaría con la más completa reforma de la corrupta Iglesia Católica. Dante sentía gran admiración por de Fiore y lo coloca en el Paraíso en la Divina Comedia a pesar de las distintas condenas eclesiásticas que cayeron sobre sus obras. Es muy recomendable leer el detallado análisis de Papini y comparar sus conclusiones con los puntos de vista sostenidos por los Fedeli d’Amore (vease al respecto en este sitio web nuestro trabajo ya citado). La síntesis final sería la de una muy necesaria reforma completa de la corrupta Iglesia Católica. Esta idea era muy cara a Dante y no cabe negarlo. En Paraíso, XXVII, 22 yy ss., hace exclamar a San Pedro estas palabras que eximen de todo comentario:“Quelli ch’usurpa in terra il luogo mio,il luogo mio, il luogo mio, che vacanella presenza del Figliuol di Dio,fatt’ha del cimitero mia cloacadal sangue e della puzza; onde’l perversoche cadde di qua su, là giú si placa”. (“Aquel que en tierra me ha usurpado el sitio mio, el sitio mio, el sitio mio, que ahora está vacante en la presencia del divino Hijo, en mi sepulcro ha hecho una cloaca de sangre y pestilencia, en que el perverso que desde aquí cayó se aplaca”). Y esto se sitúa muy cerca de los motivos que impulsaban hacia la universalidad y unidad soñada por los Iniciados Templarios en materia religiosa. Sin embargo las doctrinas de de Fiore solo hacen a la religiosidad exotérica y a lo temporal. No tienen en si nada de iniciáticas y es por ello que cabe perfectamente conjeturar que se trata en realidad de otra doctrina de igual nombre a la que la mencionada le puede servir como velo de ocultamiento. Esta doctrina necesariamente no puede ser otra que la de la Fede Santa o Fedeli d’Amore emanada directamente del Temple. En efecto no se le conocen a Dante otras adhesiones o filiaciones esotéricas que esta la que, como es sabido, nucleó a la flor y nata tanto de la literatura italiana como de otros campos del pensamiento. La cuestión ya planteada antes es ardua: ¿porqué Dante cita una y otra vez al Profeta Mahoma y a los Maestros Espirituales del Islam sin mencionar sus nombres? Que promesa o juramento iniciático le impedía hacer tal mención de no haber otro motivo? Buena pregunta que solo podemos intentar responder teniendo en cuenta la pertenencia de Dante a la Fede Santa o Fedeli d’Amore y el muy estrecho paralelismo de usos y la vinculación estrecha de los Caballeros Templarios con algunas agrupaciones del Islam, en especial ejemplo los guerreros santos del Islam haschischin o “asesinos” ismailitas. La similitud entre el Temple y estos últimos va por cierto mucho más allá del blanco y el rojo usados en las vestimentas de ambas Ordenes por Caballeros y Rafiks (equivalente de aquellos entre los haschischin). Lo notable es el paralelismo estructural entre Temple y haschischin que obliga a pensar que Hugues de Payns se inspiró directamente en estos últimos al crear el Temple. El mismo número de grados en las estructuras respectivas acentúan esta similitud. Siguiendo a Hammer-Purgstall, David Annan (en Norman Mackenzie “Sociedades Secretas”, Alianza, Madrid, 1973) y C. E. Nowell (además de un resumen de J.F. Ferro) podemos presentar el siguiente cuadro donde la analogía se hace evidente. Resulta claro que ambas ordenes estuvieron en contacto en Siria antes de 1128.

TEMPLARIOS

HASCHISCHIN
Gran Maestre Sheikh-al-Djebal (“Señor de la Montaña)
Grandes Priores Day-al-Kebris (“Grandes Emisarios”)
Priores Days, nuncios religiosos y emisarios políticos
Caballeros (militares) Rafiks (“Compañeros”)
Escuderos Fidayis (“Devotos”)
Pajes y criados Lassiks (“asilados”, legos y sirvientes)
Aspirantes Creyentes (pueblo)

Pero, desde luego, esto corresponde a la estructura externa o formal. Avanzando un paso más tenemos el simbolismo de “los colores de la sangre y la pureza” blanco y rojo. Roja la cruz en el manto blanco en el Temple, blanca la túnica con faja o cinturón y gorro rojos en los haschischin. Notablemente blanco y rojo son también los colores tanto de “Conduiramour” como de Beatriz, siendo la primera para Parsifal lo que es Beatriz para el Dante. Naturalmente hay que remitir aquí a la obra de Wolfram von Eschenbach… y recordar que la Tradición Iniciática es una y universal. Sin poder extendernos aquí demasiado al respecto diremos que la opinión de los estudiosos del tema es que la doctrina de los más altos iniciados entre los haschischin era que las formas religiosas exteriores carecían en realidad de importancia (vease la obra bien conocida de Probst-Biraben). Desde luego, todos los verdaderos iniciados en todos los tiempos y lugares han sostenido y sostienen exactamente lo mismo. Lo esencial era y es la doctrina esotérica y se podía adoptar una forma religiosa exterior distinta sin variar en absoluto este punto. Incluso reprocharon los haschischin a los Templarios sostener la errónea y perniciosa concepción trinitaria de Dios que alejaba del Dios Uno. En suma, que la clave del VELTRO o VangELo eTeRnO Templario hay que buscarlo en las doctrinas iniciáticas del Islam y en su conexión con los contenidos velados de la “Divina comedia”. Ya lo dice el mismo Dante:“O voi ch’avete li’ntelleti sani, mirate la dottrina che s’asconde sotto ‘l velame de li versi strani”. (Inferno, IX, 61-63). (“Oh vosotros que tenéis la mente sana, mirad la doctrina que se esconde bajo el velo de los versos extraños”). Y todo indicaría que dentro de la Divina Comedia hay otro texto escondido de acuerdo a cierta clave. La cuestión es hallar esta clave. Esta línea de pensamiento es la que ha inspirado a Arthur Schult en su obra “Dantes Divina Commedia als Zeugnis der Tempelritter-Esoterik”. Este autor se centra en la Divina Comedia y “La Vita Nuova” para hallar claves del esoterismo templario pero su conocimiento de las doctrinas tradicionales es bastante superficial y a menudo resulta declamatorio en sus expresiones. De todos modos aporta más de una idea e información interesante y que vale la pena analizar.

ociro

Orden Caballeresca e Iniciática La Rosa de Oro

Foro Mística