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Masonería: orígenes y breve historia

Publicado: diciembre 7, 2006 de administrador en Masonería

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Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y dónde se inició la masonería. La tradición afirma que la antigua masonería se inició en Egipto, entre los maestros y arquitectos que dirigían la construcción de las grandes Pirámides. Otros ubican sus orígenes en Israel, en la época en que los judíos construían el Templo de Salomón, dado el recurrente simbolismo alusivo en las logias actuales. El primer indicio de su existencia, sin embargo, aparece en el siglo XIII, cuando grupo de albañiles (en francés, maçons) que querían emanciparse de la tutela de los frailes, en especial los benedictinos, constituyeron gremios que llegaron a monopolizar la construcción. Para conservar los secretos y las técnicas del gótico instituyeron tres grados: aprendiz, compañero y maestro e implantaron ceremonias de iniciación y de fidelidad.

Se ha pretendido remontar el origen de la masonería en la construcción del Templo de Salomón por Hiram de Tiro, supuesto primer masón. Constituiría el período mítico de la masonería. Aunque tal afirmación figura en el rito de iniciación de los tres primeros grados, existe general unanimidad en señalar el concreto origen histórico de la masonería: las Hermandades profesionales de constructores de Catedrales y otros templos de la Edad Media (desde el tallador de piedra al maestro albañil), establecidas al servicio del bienestar material y espiritual de sus miembros y que, a la vez, poseían “secretos” de orden técnico y de orden ritual o de iniciación.

Ya en el siglo XIII, estas Hermandades establecieron las primeras constituciones góticas al servicio de sus miembros. Se trataría del período antiguo u operativo. Dos textos de finales del siglo XIV y principios del XV se refieren a los orígenes míticos: “Regius” (que relata un supuesto viaje de Euclides a Egipto donde fundaría una escuela de geometría y construcción) y “Cooke” (la historia del arte de la construcción antes del Diluvio Universal). A principios del siglo XIV algunos maestros alemanes viajaron a Inglaterra a construir catedrales, pero los aprendices ingleses que trabajaban con ellos organizaron talleres propios y de este modo redactaron la primera ley masónica (La Constitución de York) y la Orden de la Fraternidad de los Libres Masones. Cien años más tarde se importó a las islas británicas el estilo renacentista italiano, por cuya causa los talleres masónicos, dedicados exclusivamente al gótico, estuvieron a punto de desintegrarse. Sin embargo, deseosos de conservar su organización, estos grupos admitieron gente rica e influyente bajo la denominación de hermanos patronos, por lo cual cambió el nombre a Fraternidad de los Masones Libres y los Aceptados.

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En el siglo XVIII varios intelectuales y científicos crearon una orden identificada con una rosa y una cruz (rosacruces), que incorporó principios del agnosticismo, judaísmo y maniqueísmo, popularizaron los símbolos de la escuadra y el compás, practicaron la alquimia y la teosofía. El 24 de junio de 1717 se fusionaron las cuatro logias de la Fraternidad con la Sociedad de Alquimistas Rosacrucianos. Al conjunto se le llamó Gran Logia de Inglaterra y se adoptó el nombre de francmasonería (de “franç”, que quiere decir “libre”). En 1786 Federico de Prusia reorganizó las órdenes masónicas, las reunificó, reglamentó su funcionamiento, su liturgia y estructuró sus grados. Desde esas fechas la fraternidad, dividida en diversos ritos como el escocés, el yorkino, el francés, el egipcio, el templario y el nacional mexicano, se ha extendido por los 5 continentes y actualmente se encuentra presente en más de 200 países, agrupando entre sus filas a varias decenas de millones de masones. Con el transcurso del tiempo el reclutamiento dejará de hacerse sobre la base profesional inicial, admitiéndose a personas de otras profesiones no vinculadas a la construcción. Es en Inglaterra donde se da el paso de una masonería “operativa” (la de los constructores que trabajaban la piedra con sus manos y herramientas) a otra “especulativa” (período histórico) en la que la construcción es sólo simbólica, trabajándose a la humanidad mediante el modelado del propio ser. Ahora, por iniciación hay que entender “entrar”, paso introductorio de un hombre que desea cambiar su “modo” de conocer, de actuar, de ser, que debe cultivar su alma. Ese paso se desarrolla en una iniciación simbólica, mediante un rito que resume ese trance y que capacita al neófito para ejecutarlo. El día 24 de junio de 1717 se funda la Gran Logia de Londres a partir de 4 pequeñas logias que la precedieron y, en 1726, se abre la primera logia en París.

La primera constitución moderna reguladora de la masonería especulativa es la redactada por el pastor presbiteriano inglés James Anderson, quien elabora en 1723 “The Constitutions of the free-masons.”. Estos textos tienen cuatro partes: una historia legendaria de la orden y del arte masónico, los llamados “deberes”, un reglamento para las logias y los cantos para los tres grados iniciales. La parte más importante es la relativa a los “deberes”, en la que establece como pilar fundamental la creencia en el “Gran Arquitecto del Universo”, aunque en otros artículos procura marcar distancias con el cristianismo a través de unas referencias al esoterismo, el secreto y al relativismo, junto a un deísmo iluminista. Esos componentes filosóficos ocasionaron, casi enseguida, la primera escisión: la Logia de York, de carácter más esotérico que la de Londres, más racionalista. Pronto salta de Inglaterra a América. Ya en 1813 se fusionan ambas logias, dando lugar a la Gran Logia Unida de Inglaterra. A la vez se redacta otro texto fundamental en la masonería: los Antiguos límites o Ancient Landmarks. Se trata del conjunto de reglas tradicionales e inmutables, transmitidas de forma oral desde sus orígenes hasta ese momento en que se plasman por escrito. Dicha Gran Logia Unida de Inglaterra se constituyó en la depositaria de la “tradición” y de la “regularidad” masónica, de carácter aristocrático y puritano en sus orígenes. Esa regularidad se determina, todavía hoy, a partir de varios criterios: regularidad de origen (sólo una Logia regular puede fundar otra logia regular), regularidad territorial (una Gran Logia por país), regularidad doctrinal (creencia en Dios, uso de un libro sagrado, exclusión de las mujeres, interdicción de las discusiones políticas). Conforme se extiende por toda Europa y América, la masonería acoge con entusiasmo las corrientes del enciclopedismo del siglo XVII, del racionalismo y del liberalismo. De forma paralela, los rituales se “enriquecen” y amplían con aportaciones procedentes de grupos que cultivan la Alquimia, la Kabala, el llamado “neotemplarismo”, la Teosofía, la moda por lo egipcio, etc. Y la descristianización, con todo ello, se acentúa.

La masonería se establece pronto en Francia, hacia 1721. De origen escocés y estuardista, se vio favorecida por el espíritu racionalista francés, adquiriendo un carácter deísta inspirado en el racionalismo naturalista. En España, por iniciativa inglesa, ya aparece en 1728, pero no será hasta la invasión napoleónica cuando se produzca la eclosión de la orden. Una vez irrumpe en la historia, su presencia, más o menos oculta, se hace notar con fuerza. El mayor número de masones se encuentra, actualmente, en Estados Unidos de América.

La fractura de la masonería.

El ilustre masón Robert Amadou afirma que es hacia 1860 cuando el Gran Oriente de Francia, la mayor organización masónica después de la inglesa, se desvía de la iniciación a la política partidista, al servicio de una filosofía materialista y atea. Ello se plasma, jurídicamente hablando, en 1877 cuando la Asamblea General de esa obediencia francesa, siendo Gran Maestre Fréderic Desmons, suprime de sus constituciones la fórmula del “Gran Arquitecto del Universo”, siendo por ello “excomulgado” por la Gran Logia Unida de Inglaterra, al igual que el resto de obediencias que le siguieron en ese paso. Esas obediencias constituyen la llamada masonería “irregular” (liberal, se llaman a sí mismas), dando lugar en muchos países a una duplicidad de obediencias. Desde entonces, casi toda la masonería francesa, española, italiana y belga integra la mencionada masonería “irregular” o “liberal”. Buena parte de esas obediencias irregulares se agrupan, a nivel internacional, en el CLIPSAS (Centre de Liaison et d’Information des Puissances maçonniques signataries de l’Appel de Strasbourg). Existe, por otra parte, una federación internacional de logias femenimas y mixtas: “Le droit humain”. Existen otras múltiples organizaciones, de carácter sectario muchas de ellas y de contenido ocultista, “en el límite” de la masonería (ya regular o irregular). Otras organizaciones, como el “Club de los Leones” o los Rotarios, de finalidad filantrópica y humanitaria, adoptan algunas características próximas en ciertos aspectos a la masonería. Incluso algunos de sus miembros mantienen la doble pertenencia; pero conceptual e históricamente se trata de organizaciones netamente diferenciadas. Después de la segunda guerra mundial se produjo un cierto movimiento de regreso a la regularidad masónica, iniciado en Francia, y que en España se concretó en la Gran Logia de España. Pero, en general, los intentos de unificar ambas ramas de la masonería, debe afirmarse, que han fracasado. Los propios masones achacan a tal duplicidad la imagen desfigurada de la masonería que existe en muchos ambientes. Para otros autores, por el contrario, esa duplicidad sería un “lavado de imagen”, pues, a su juicio, ambas masonerías coinciden en lo fundamental. En cualquier caso, esa duplicidad ha facilitado un complejo debate dentro de la Iglesia católica acerca de la naturaleza real de la masonería y las relaciones de los católicos con la misma.

 

Masonería en España

La primera logia fundada en España es “La Matritense”, establecida por Lord Wharton, aunque ya funcionaba desde un año antes una logia en Gibraltar. Las primeras logias son de obediencia inglesa, manteniendo el carácter inicial, ingresando en ellas buena parte de la minoría ilustrada española de la época, aristocrática e intelectual. Con la invasión francesa se inicia la influencia de la masonería gala, que favoreció la implantación de numerosas logias en las que ingresaron muchos afrancesados, en contraste con las de obediencia inglesa, cuyos integrantes eran patriotas liberales contrarios a la ocupación francesa. Con los años, la masonería adquirió en España peculiaridades propias: carácter conspirador, extrema politización e implicación en muchos sucesos revolucionarios del siglo XIX, reducto de los militares liberales, anticlericalismo extremo. Algunos de sus hombres llegan al poder en el llamado “Trienio constitucional” (1820 – 1823). Se mezcla con otros fenómenos, como los de las sociedades secretas de los Comuneros y los carbonarios. En 1824 es prohibida. De 1854 a 1868 participa en medios políticos, militares e intelectuales. En 1868 adquiere nuevo protagonismo, con ocasión de la revolución producida ese mismo año. Con la Restauración es prohibida, de nuevo, en 1874. A raíz de la proclamación de la Segunda República española alcanza su mayor esplendor, al menos en su expresión política, pese a sus múltiples escisiones y obediencias. La relación de masones ilustres en este periodo de la historia de España es abultadísima. Como dato significativo recordaremos que de los 470 diputados de la Cortes Constituyentes de la República, 183 eran masones. Sin embargo el número total de masones en España no parece superara los 5.000 por entonces. Otro sector en el que existía un importante número de masones era el del ejército. Señalemos algunos nombres importantes de la política española de aquellos años, masones todos ellos: Diego Martínez Barrio, Alejandro Lerroux, Fernando de los Ríos, Casares Quiroga, Largo Caballero, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Nicolau d’Olwer, Abad Conde, Luis Jiménez de Asúa, Emiliano Iglesias, Ricardo Samper, Álvarez del Vayo, Pedro Rico, Belarmino Tomás, Luis Araquistáin, Llopis, Domingo Barnés, Portela Valladares. Presentes, todo ellos, especialmente en el PSOE, Partido Radical, Partido Radical – Socialista, Acción Republicana, Esquerra Republicana de Cataluña y Federación Republicana Gallega. Es prohibida, por última vez, con la consolidación del régimen surgido de la guerra civil, hasta su legalización a finales de los años 70. La masonería española actual retoma algunas de sus constantes históricas: la fragmentación y su escaso número en comparación al de otros países. Veamos cuales son las principales obediencias en la actualidad:

  • Gran Logia de España. Mayoritaria. Su número oscila entre 1.500 y 3.000 miembros. Forma parte de la masonería regular. Está reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra. No acepta mujeres.
  • Gran Logia Simbólica de España. Unos 500 miembros. Es una obediencia irregular. Sus logias son sólo masculinas, sólo femeninas o mixtas. Está afiliada al CLIPSAS. Masonería liberal. Ha alcanzado cierta notoriedad en los medios de información al tratarse de la primera obediencia española que eligió a una mujer como “Gran Maestra”, hecho acaecido en Zaragoza a mediados del 2000.
  • Gran Logia Federal de España. Escisión de la Gran Logia de España. Tiene en torno a los 400 miembros. De orientación regular.
  • Gran Logia de Canarias. Unos 200 miembros. Orientación irregular y de ámbito territorial.
  • Gran Logia de Cataluña. De similares características de la anterior. Unos 200 miembros.
  • Gran Oriente de Cataluña. Unos 100 miembros. Similar a las dos anteriores.
  • Logia del Derecho Humano. Masonería irregular, mixta. Unos 100 miembros.
  • Gran Logia Femenina Francesa. Sólo mujeres. Irregular. Unas 40 integrantes.
  • Gran Oriente de Francia. Varias logias levantinas pertenecen a esta obediencia irregular y liberal.

Recopilación y revisión de textos de diversos autores: O.C.I.R.O.

 

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Los oficios y los oficiales de la logia

Publicado: noviembre 26, 2006 de alcion en Masonería

 
Por Daniel Beresniak
 

LA VIDA COMUNITARIA EN LOGIA 

La Logia (o Taller) designa una comunidad de Francmasones. Por extensión, el término Logia designa también el templo, en cuyo seno se reúnen los Francmasones. En una perspectiva simbólica el hombre es microcosmos y el universo macrocosmos y lo que está en el uno está también en el otro. El templo representa al universo en su estructura “íntima”. Dicha estructura se origina en una tentativa de racionalización y de comprensión global realizada por el ser humano. El templo es, entonces, la proyección de la razón, de la intuición, de la imaginación; es la concreción del esfuerzo realizado por las generaciones para situarse en el mundo. Da cuenta, por consiguiente, de una “negociación” entre el sueño y la realidad. La reflexión sobre los símbolos es liberadora cuando conduce a considerar las grandes cuestiones relativas a la subjetividad y a la objetividad y a las razones profundas que subyacen en esta distinción.

En logia el ser humano se percibe como microcosmos y ve en el Templo (o, más exactamente, en el “cuadro de la Logia” que resume el simbolismo del Templo) al macrocosmos. Del mismo modo la Logia se vive como micro sociedad.

Las “funciones” de la vida comunitaria, en la Logia, son aquellas que rigen todas las sociedades humanas. Se refieren tanto a lo material como a lo espiritual, no sin un matiz importante ya que en la Logia se trabaja para “reunir lo que está disperso”.

Dichas funciones se articulan alrededor de la triada fundamental, las tres “facetas” de la actividad de un grupo social: HACER (fabricar, gerenciar), PROTEGER (defender, atender, curar, etc.) y ENSEÑAR (transmitir, animar, etc.).

Del mismo modo, el orden en el cual ingresan los hermanos al Templo antes de la apertura de los trabajos varía según los usos. En el rito Escocés Antiguo Aceptado el Venerable y los Vigilantes entran primero y “preparan” la Logia para recibir a los Aprendices, los Compañeros y los Maestros. En el rito Emulación y en el rito de Salomón el Experto, hace entrar a los Aprendices, los Compañeros, los Maestros, los Oficiales y todos se ponen de pie para recibir al Venerable Maestro y a sus Vigilantes. En lo que concierne al ingreso al Templo existen otros usos y, en ocasiones, ninguna costumbre ceremonial: cada uno entra a su modo, sin orden específico. Es el caso de numerosas Logias del rito francés actual.

El orden es necesario, porque de lo contrario no se puede proceder a ninguna construcción; pero dicho orden no significa que el venerable sea un jefe en el sentido en que se entiende en el ejército. Tiene una función particular que cumplir que no vale ni más ni menos que la de los demás oficiales. Bien sea que entre de primero o de último, según los usos rituales, lo que se está honrando es la función y no el individuo; y si se honra especialmente dicha función, es para manifestar que con ella la construcción está en su lugar.

En una Logia masónica, independientemente del rito en el cual trabaje, las funciones se distribuyen de tal modo que si una sola de ellas está mal atendida la comunidad no puede florecer. Por el contrario, si todos los oficiales sin excepción viven bien sus papeles, entonces puede decirse que la Logia está funcionando como una comunidad ideal y como nosotros los Francmasones vemos en la Logia la prefiguración de la humanidad futura, tenemos que comenzar a actuar de manera que dicha prefiguración esté a la altura de las expectativas de los mejores entre los seres humanos.

LA DISTRIBUCIÓN DE LOS OFICIOS SEGÚN LOS DIFERENTES RITOS

El número de oficiales varía según los ritos practicados en la masonería. Sin embargo, existe en todos una terna fundamental: el venerable, el primer vigilante y el segundo vigilante.

En el rito francés, practicado en el Gran Oriente de Francia, había antaño:

· Un venerable

· Dos vigilantes

· Un orador

· Un secretario

· Un tesorero

· Un guardasellos, timbres y archivos

· Un hospitalario

· Un maestro de ceremonias

· Tres expertos, uno de los cuales cumplía las funciones de tejador

· Un maestro de banquetes

· Un portaestandarte

· Un hermano “Terrible” o guardatemplo (distinto del tejador)

En la actualidad, el portaestandarte y el guardasellos, timbres y archivos ya no existen, desaparecieron; solamente hay un experto y la función de retejamiento está en manos del guardatemplo.

En el rito Escocés Antiguo Aceptado, hay diez oficios:

· Venerable

· Dos vigilantes

· Orador

· Secretario

· Tesorero

· Hospitalario

· Experto

· Maestro de ceremonias

· Guardatemplo

Es en el marco de este rito que ciertos autores han querido ver una correspondencia entre los diez oficios y las diez sefirot de la Cábala. En relación con esta analogía, ver el capítulo “Las sefirot y la ubicación de los oficiales en la Logia”.

En el rito Escocés Rectificado y en el rito de Menfis-Misraim, hay ocho oficios:

· Venerable

· Dos vigilantes

· Secretario

· Orador

· Tesorero

· Maestro de ceremonias

· Limosnero (equivale al hospitalario de los demás ritos).

En el rito Emulación hay nueve oficios obligatorios y, además, siete oficios “tradicionales” no obligatorios para el funcionamiento de la Logia. Además, existe un oficial que no está inscrito en ninguna de las dos listas pero que juega un papel importante: el de Past-Master (Maestro Pasado) inmediato, es decir: predecesor del Venerable en ejercicio. El Past-Master inmediato toma asiento a la izquierda del Venerable en ejercicio y lo apoya con sus consejos.

La lista de los oficios obligatorios es:

· Venerable

· Dos vigilantes

· Tesorero

· Secretario

· Dos diáconos

· Guardatemplo

· Tejador exterior (permanece en pasos perdidos delante de la puerta).

Los oficios no obligatorios para el desarrollo de las ceremonias; pero que por lo general son provistos, son:

· Hospitalario

· Limosnero (distinto del hospitalario; su papel se limita a realizar las cuestas)

· Director de ceremonias

· Diputado director de ceremonias

· Organista

· Diputado secretario

· Maestro de banquetes

Cabe observar en este rito la ausencia de orador. Tres oficios son característicos del rito Emulación: los dos diáconos, que portan un bastón y guían todos los desplazamientos previstos en las ceremonias y llevan los mensajes; y el tejador “exterior” que está sentado fuera del templo, ante la puerta y que encarna al “guardián del umbral”. Este rito es el más practicado en los países anglosajones. Exige que las ceremonias sean conocidas de memoria. El ritual no se lee en Emulación, sino que se recita. Por lo demás, no se presentan “planchas”. Las reuniones se dedican exclusivamente a la ejecución de ceremonias rituales, acompañadas por cánticos entonados por todos los hermanos, de allí la importancia del organista.

En el rito de Salomón hay diez oficios, al igual que en el rito Escocés Antiguo Aceptado:

· Venerable

· Dos vigilantes

· Experto

· Maestro de ceremonias o Mensajero

· Tesorero

· Hospitalario

· Secretario

· Orador

· Guardatemplo

Existen otros ritos, como el rito de York que está muy difundido en Estados Unidos y que es muy cercano al rito Emulación. Nos limitaremos a mencionar aquí los principales ritos practicados en Francia. Para darnos una idea del panorama de la Francmasonería en el mundo, sepamos que en Francia el rito francés es el más practicado; que en Europa es el Rito Escocés Antiguo Aceptado y, al nivel mundial, es el rito Emulación (y el York).

* * *

Cada oficial lleva un collar con una “joya”, que es el símbolo asociado con sus funciones. La escuadra es la joya del Venerable, el nivel y la perpendicular son las joyas del primer y del segundo vigilantes, respectivamente. Las demás joyas varían según los ritos, los países y las épocas. Volveremos a hablar de las joyas y de las herramientas asociadas con los oficios en el marco del desarrollo particular de cada uno de ellos.

La variedad de los ritos permiten a personas que tienen capacidades similares para convertirse en buenos masones, pero que en muchos aspectos son muy distintas, que se encuentren a gusto en un ambiente particular. En efecto, es más que todo el ambiente lo que diferencia los ritos. Numerosas corrientes de pensamiento, que corresponden a otros tantos modos de ser, han irrigado la francmasonería en el curso de su historia. Por ello los francmasones disponen de numerosos rituales. Algunos afirman estar muy cercanos del “compagnonnage”, otros prefieren hacer alusión a las órdenes de caballería y a los Templarios, otros privilegian la alquimia y el ocultismo y otros se definen como más positivistas y racionalistas. Todas esas diferencias solamente atañen a la superficie. La enseñanza es la misma en todas partes, aunque varíen los métodos y las referencias. Se trata de percibir la unidad fundamental que hay más acá y más allá de las diversidades, de descubrir la unidad esencial del espíritu humano mediante la profundización en la interpretación de los símbolos, con el fin de construir una humanidad fraternal.

Todos los francmasones que estudian los símbolos descubren que, cualesquiera sean sus ideas y sus preferencias, cualesquiera sean los valores y las referencias que se hallen en su universo mental, todos los seres humanos convergen en el CENTRO, siempre y cuando hagan el esfuerzo de cuestionarse, de superarse y de IR MÁS ALLÁ.

El estudio de los ritos y de su historia está fuera del propósito de este folleto; sin embargo cabe recordar que todos los rituales han sido fabricados a partir de rituales más antiguos que, con frecuencia, han sido triturados, corregidos, amputados o aumentados por personas. Éstas, por bien intencionadas que estén y por competentes que sean, dejan en los rituales algo de sí mismas y a veces tratan de “orientar”. Por eso todos los rituales son discutibles, ya que nadie puede pretender que alguno de ellos fue dictado por El Eterno en el comienzo de los tiempos y fue conservado intacto desde entonces. Nada es más perjudicial para el despertar iniciático, que un comportamiento puritano o purista en relación con los rituales. Hay que estar consciente que no todo es de igual valor en ellos y aprender a distinguir los “diamantes” de la pacotilla. Es un “diamante” toda frase o expresión cargada de profundo sentido y que estimula y despierta el espíritu. Una expresión de esas viene de lejos y conduce lejos.

Es pacotilla toda afirmación dogmática, toda referencia a una moda intelectual y todo cuanto reviste una orientación ideológica. A manera de ejemplo de los “diamantes”, citemos dos expresiones que se encuentran felizmente en todos los rituales y que hemos citado: “ir más allá” y “reunir lo que está disperso”. Son verdaderas claves de gran valor que abren las puertas del saber y del progreso. Las puertas que abren se encuentran en nuestro interior pero también por fuera de nosotros. Están relacionadas tanto con lo subjetivo como con lo objetivo y conducen al portal más allá del cual el objeto y el sujeto se integran en una realidad única.

 

Todos los hermanos y, por supuesto, los oficiales, que son los responsables de la dinámica del grupo, deben meditar acerca de estas dos claves que, por lo demás, no funcionan sino cuando se utilizan conjuntamente. Si ignoran el “ir más allá” o el “reunir lo que está disperso”, los oficiales no obtendrán ningún fulgor en su desempeño y sus funciones, en ver de ser vivificantes, serán grises y monótonas para ellos mismos y para sus hermanos.

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Música y Masonería

Publicado: noviembre 11, 2006 de administrador en Masonería

 

Antonio Diez

La música es el arte de producir y combinar sonidos acordes de todos los elementos de creación sonora: instrumentos, ritmos, sonoridades, timbres, tonos, organizaciones seriales, melodías, armonías, etc., En su sentido más primigenio, es el arte de producir y de combinar los sonidos de una manera tan agradable al oído, que sus modulaciones conmueven el alma.
En todas las civilizaciones, la música cobra un papel importante en los actos más relevantes, social o personalmente, donde ejerce un papel mediador entre lo diferenciado (material) y lo indiferenciado (la voluntad pura), o entre lo intelectual y lo espiritual. Por ello cobra especial importancia en las ceremonias rituales, además de por su capacidad de promover las emociones. La música representa el equilibrio y orden; es un lenguaje universal.
En la Masonería, la música representa una de las siete artes liberales, simbolizando la armonía del mundo y especialmente la que debe existir entre los masones. A través de la belleza de los sonidos y de la armonía de los ritmos se llega a la sabiduría del silencio. La música es el arte de organizar los sonidos. Todo arte consiste en organizar un material de acuerdo con las «Leyes» y un propósito. La música es, en ella misma y por esencia, una masonería, una construcción de carácter iniciático. Los elementos que la componen no son los sonidos, piedras brutas, sino las notas, piedras talladas. Los tres parámetros que precisa la talla de la piedra, la precisa el sonido:
La Fuerza, que reside en la densidad.
La Sabiduría, en su «tempo» o longitud.
La Belleza, en su altura o frecuencia.
Las piedras justas y perfectas del edificio musical deben ser ensambladas: la música es una construcción, una arquitectura, un «arte real» que nos revela las leyes universales de la «Gran Obra» que podemos organizar en tres etapas.
El Silencio, vacío necesario antes de la manifestación, es el estado de aprendizaje. El Sonido, la manifestación, la toma de conciencia, el despertar del compañero. La Melodía, la organización del sonido por el maestro.
Se puede encontrar otra analogía en tres etapas, entre el método de formación del músico y del masón:
El Aprendiz: Estudia la música en sí mismo (canta). Aprende a descodificar unos símbolos o signos (solfeo) y escoge su/s instrumento/s. Para ello precisa de un maestro o instructor.
El Compañero: Alcanza la soltura en la interpretación de los signos y en la utilización de su/s instrumento/s. Colabora con otros compañeros en el canto y en la interpretación (polifonía, conjuntos instrumentales). Estudia la historia, los estilos y a los grandes maestros. En esta etapa el compañero entra en un proceso de auto-formación.
El Maestro: Su tarea es alcanzar una interpretación personal, una vivencia que haga posible la transmisión de la obra. El maestro trabaja en soledad, pero precisa de un aprendiz, del cual aprende todo lo necesario para alcanzar la auténtica maestría. Con esta relación se cierra el ciclo.
La música en la Logia esta representada por la Columna de Armonía que es el conjunto instrumental o reproductor musical destinado a la ejecución de la música masónica en el curso de las ceremonias rituales.
En las logias, hasta que en el siglo XVIII empezaron a introducirse instrumentos de cuerda, trompetas y tambores, sólo se empleaban voces. La designación de «Columna de Armonía» aparece a finales del reinado de Luis XV para referirse al conjunto de instrumentos que sonaban en las ceremonias, que contaba con un máximo de siete instrumentistas: 2 clarinetes, 2 cuernos, 2 fagots y 1 tambor. Luego, la competencia entre las logias por contar con los más virtuosos instrumentistas originó que se admitiesen en las mismas músicos, que exentos de cotización alguna prestaban estos servicios (aunque sólo podían aspirar al grado de Maestro), y componían obras para las diferentes ceremonias masónicas (tenidas, banquetes, fúnebres, iniciaciones, etc.); estos hermanos artistas tenían el mismo derecho al voto que el resto de los hermanos y en las grandes ceremonias, celebraciones y banquetes estaban obligados a contribuir con su arte.
La Columna de Armonía tiene como misión aportar un complemento al ritual, por lo tanto es una música funcional, cuyo valor no depende en primer lugar de su valor intrínseco, sino de su adecuación al destino que se le asigna.
Quizá la más alta representación de la música masónica corresponda a W. A. Mozart, quien fue iniciado como aprendiz masón el 14 de diciembre de 1784 en la logia La Esperanza Coronada y con este motivo se interpretó en la logia su cantata «A ti alma del Universo, OH Sol» (K. 429) en la que el aria del tenor es un himno al sol y a la luz; cantata doblemente adaptada a la celebración de la gran fiesta masónica de San Juan del verano (más conocida como del solsticio de verano) y punto culminante del año masónico; y que encaja igualmente en la ceremonia de iniciación del primer grado masónico, cuando el aprendiz, después de haber sufrido las pruebas simbólicas, recibe la luz.
Agradecido y apasionado por su Logia, compuso para ella los más notables cantos, en los que no se limitó a expresar de una manera sencilla y bella el sentido de las palabras, sino que dio a las notas todo el calor de su fantasía, todas las nobles y levantadas aspiraciones de un alma conmovida por lo bueno y lo bello y ardiendo de amor por la humanidad. Con motivo de la ceremonia del paso de su padre al grado de compañero, puso música a un poema de Joseph Von Ratschky, «El viaje del compañero» (K 468) para canto y acompañamiento de piano.
Unos meses antes de acceder al tercer grado de la masonería, asistió el 11 de febrero de 1785, en la logia vienesa «La verdadera concordia», a la iniciación masónica de su amigo Joseph Haydn en el grado de aprendiz, y a quien Mozart, con este motivo, dedicó los «Seis cuartetos de cuerda».
Poco antes de la doble investidura que Mozart y su padre recibieron el 2 de abril de 1785 como maestros masones en la logia vienesa «La esperanza coronada», compuso para esta logia dos de sus más importantes composiciones masónicas: «La alegría masónica, (K 471) y la «Música fúnebre masónica» (K 477).
En 1786, con motivo de una reorganización de las logias vienesas ordenada por el emperador José II, Mozart compuso para su logia «La nueva esperanza coronada» dos cantatas masónicas: «Para la apertura de la logia» (K 483) y «Para la clausura de la logia» (K 484).
Nos encontramos todavía con tres obras de Mozart ligadas a la masonería, y en las que descubrimos a Mozart comprometido con la libertad y con los ideales de la Revolución Francesa, especialmente en «Vosotros los que honráis al Creador del Universo infinito» (K 619), que es un mensaje dirigido a la juventud alemana en el momento en que componía la ópera de la fraternidad universal. Las otras dos composiciones estrictamente masónicas a las que Mozart puso música fueron una pequeña cantata masónica, «Elogio de la amistad» (K 623), fechada en Viena el 15 de noviembre de 1789), y «Enlacemos nuestras manos» (K 623a) y que se canta constituyendo la cadena de unión.
Su obra póstuma, su canto de cisne, fue la que tituló «Pequeña Cantata Masónica», cuya audición dio en una tenida de su logia, dirigiendo él mismo la audición, dos días antes de sentirse atacado por la enfermedad misteriosa que le condujo al sepulcro.
Resulta emocionante ver a Mozart en el umbral de la muerte, olvidándose de sí y de su angustia física, cantando la fraternidad unida en el trabajo, y la presencia de la luz en el ímpetu y en el calor de la esperanza. Tres semanas más tarde, fallecía.

Una relación de músicos o músicas inspiradas por los ideales masónicos sería inacabable, pero quizás los más representativos sean: J. Haydn, I. S. Bach, L. W. Beethoven y F. Liszt.