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El Secreto de la sombra

Publicado: octubre 27, 2014 de administrador en Ecología Espiritual

          mandala1La esencia de la lucha humana es el conflicto entre quiénes somos y quiénes queremos ser. De hecho, la dualidad es el eje de la experiencia humana. La vida y la muerte, el bien y el mal, la esperanza y la resignación coexisten en todas las personas y ejercen su influencia en todas las facetas de nuestras vidas. Si conocemos el valor, es porque también hemos experimentado el miedo; si reconocemos la sinceridad, es porque hemos vivido el engaño. Sin embargo, la mayoría negamos o desconocemos nuestra naturaleza dual. 

          Si vivimos bajo el supuesto de que sólo somos de una forma o de otra, dentro de un espectro limitado de cualidades humanas, entonces deberíamos preguntarnos por qué la mayoría no estamos totalmente satisfechos con nuestra vida tal como es ahora. ¿Por qué tenemos acceso a tanto conocimiento, pero nos falta la fortaleza y el valor para actuar de acuerdo con nuestras buenas intenciones y ser capaces de tomar decisiones poderosas? Y lo más importante, ¿por qué seguimos actuando contra nuestro sistema de valores y contra todo aquello que defendemos? Te garantizamos que se debe a esa parte de nuestra vida que no hemos examinado, a nuestro yo más oscuro, a nuestro yo de la sombra, donde se oculta nuestro poder no reivindicado. Es en este lugar, absolutamente insospechado, donde encontramos la llave para abrir la puerta de nuestra fuerza, felicidad y capacidad para vivir nuestros sueños. 

        Nos han condicionado a temer el lado oscuro de la vida y nuestro propio aspecto oscuro. Cuando nos damos cuenta de que tenemos pensamientos funestos o nos parece que nuestros sentimientos son inaceptables, corremos a escondernos de nuevo en nuestra madriguera a rezar con la esperanza de que desaparecerán antes de que volvamos a asomar la cabeza. ¿Por qué actuamos de este modo? Porque tenemos miedo de que, por más que lo intentemos, nunca podamos huir de esa parte de nosotros mismos. Aunque lo más habitual sea reprimir o desoír nuestro lado oscuro, lo cierto es que huir de esa sombra intensifica su poder. Negarla implica más sufrimiento, dolor, remordimientos y resignación. Si no somos capaces de responsabilizarnos y extraer la sabiduría que se oculta bajo la superficie de nuestra mente consciente, la sombra asume el mando, y en lugar de ser nosotros los que la controlamos, es ella la que acaba dominándonos, desencadenando el llamado Efecto Sombra. Entonces nuestro lado oscuro empieza a elegir por nosotros, despojándonos de nuestro derecho a tomar decisiones conscientes, como lo que vamos a comer hoy, cuánto dinero vamos a gastar o a qué adicción sucumbiremos. Nuestra sombra nos incita a actuar de formas que jamás hubiéramos podido imaginar y a malgastar nuestra energía vital en malos hábitos y conductas repetitivas. Nuestra sombra impide que nos expresemos plenamente, que seamos sinceros y que vivamos una vida auténtica. La única forma de liberarnos de conductas potencialmente perjudiciales es aceptar esta dualidad. Si no somos capaces de reconocer todo lo que somos, el Efecto Sombra nos cegará parcialmente. 

         El Efecto Sombra está en todas partes. La prueba de su omnipresencia está en todos los aspectos de nuestra vida. Lo leemos en Internet. Lo vemos en las telenoticias de la noche, en nuestros amigos, familiares y desconocidos con los que nos cruzamos en la calle. Pero quizá lo más significativo es que podemos reconocerlo en nuestros pensamientos, verlo en nuestras conductas y sentirlo en nuestras relaciones con los demás. Nos preocupa que si esta oscuridad sale a la luz nos sintamos profundamente avergonzados o, lo que es peor, que se haga realidad nuestra peor pesadilla. Nos da miedo lo que podemos encontrar si miramos en nuestro interior, así que escondemos la cabeza bajo el ala y nos negamos a enfrentarnos a nuestro lado oscuro. 

         Este libro revela una nueva verdad —extraída de tres perspectivas que cambiarán nuestra vida— de que sucederá lo contrario de lo que esperamos experimentar. En lugar de vergüenza, sentiremos compasión. En vez de confusión, ganaremos valor. En vez de sentirnos limitados, seremos más libres. Si permanece oculta, la sombra es una caja de Pandora cargada de secretos que podrían destruir todo lo que amamos y nos preocupa. Pero si abrimos la caja, descubriremos que lo que encierra tiene el poder de cambiar radicalmente nuestras vidas de una forma positiva. Desaparecerá la ilusión de que la oscuridad nos dominará y veremos el mundo con nuevos ojos. La compasión que descubriremos hacia nosotros mismos despertará nuestra seguridad y valor y abrirá nuestro corazón a los que nos rodean. El poder que habremos desenterrado nos ayudará a hacer frente al miedo que nos ha estado paralizando y nos instará a avanzar con decisión para desarrollar todo nuestro potencial. Lejos de ser aterrador, aceptar nuestra sombra nos permite realizarnos, ser nosotros plenamente, recuperar nuestro poder, desatar nuestra pasión y materializar nuestros sueños. 

        Este libro ha nacido del deseo de desvelar muchos de los dones que pueden cambiar nuestra vida y que residen en la sombra. En las páginas siguientes, cada uno abordaremos este tema desde nuestra perspectiva individual como maestros. Nuestra intención es ofrecer una comprensión amplia y diversa sobre cómo se creó la sombra en nuestro interior, cómo actúa en nuestras vidas y, lo más importante, qué podemos hacer para descubrir los dones de nuestra verdadera naturaleza. Te prometemos que, después de leer este libro, no volverás a pensar en tu yo oscuro de la misma forma. 

          En la primera parte, Deepak Chopra presenta una extensa visión de nuestra naturaleza dualista y nos da la receta para regresar a la compleción, a la totalidad. Chopra, pionero de la filosofía cuerpo-mente, ha transformado millones de vidas con sus enseñanzas. Su perspectiva holística de la naturaleza dual de la sombra es esclarecedora y sólida. 

          En la segunda parte, me baso en casi quince años de enseñanza y de dirigir el taller «El Proceso de la Sombra» en todo el mundo para ofrecer un examen accesible y profundo a la vez, sobre su origen, su papel en nuestra vida cotidiana, y cómo podemos recuperar el poder y el brillo de nuestra auténtica naturaleza. 

          En la tercera parte, Marianne Williamson llega a nuestro corazón y mente con una provocativa indagación sobre la conexión entre la sombra y el alma. Marianne, reconocida maestra espiritual internacional, nos lleva de la mano y nos guía por el tortuoso terreno de la lucha entre el amor y el miedo. 

         Todos tenemos años de experiencia y la profunda y sincera esperanza de poder iluminar la sombra de una vez por todas. Pues si no contrarrestamos su fuerza e integramos su sabiduría, nuestra sombra tiene el potencial de seguir causando estragos en nuestras vidas y en nuestro mundo. Cuando no somos capaces de admitir nuestras vulnerabilidades y reconocer nuestras malas conductas, cada vez que estemos a punto de dar un paso importante en el ámbito personal o profesional, nos sabotearemos. Entonces gana la sombra. Cuando hablamos a nuestros hijos con una ira desproporcionada, gana la sombra. Cuando engañamos a nuestros seres queridos, gana la sombra. Cuando nos negamos a aceptar nuestra verdadera naturaleza, gana la sombra. Si no iluminamos la oscuridad de nuestros impulsos humanos con la luz de nuestro yo superior, gana la sombra. Hasta que no aceptemos todo lo que somos, el Efecto Sombra tendrá el poder de impedir nuestra felicidad. Si no la reconocemos, la sombra evitará nuestra realización personal, impedirá que logremos nuestros planes más detallados y viviremos a medias. Hemos escrito este libro con la esperanza de que saque la sombra a la luz. Nunca ha habido un momento mejor para crear un nuevo léxico, para iluminar la sombra y para comprender por fin lo que ha sido tan difícil de ver y de explicar. 

         El trabajo con la sombra, tal como lo describimos en este libro, es más que un proceso psicológico o una broma intelectual. Es una receta para los problemas no resueltos. Es un viaje transformador que trasciende cualquier teoría psicológica, porque aborda el lado oscuro como un asunto humano y espiritual que todos hemos de resolver en esta vida, si queremos vivir una vida que refleje plenamente nuestra expresión personal. Al final comprenderemos que no somos ni mejores ni peores que nadie por nuestro color, procedencia, orientación sexual, constitución genética o pasado. Nadie en este mundo se libra de su sombra, y cuando nos la tomamos en serio y la comprendemos, puede dar pie a una nueva realidad que cambiará nuestros sentimientos respecto a nosotros mismos, a nuestra forma de educar a nuestros hijos, cómo tratamos a nuestras parejas, cómo nos relacionamos con los otros miembros de la comunidad y con otras naciones. 

          Creo que la sombra es uno de nuestros grandes dones. Carl Jung la denominó la «antagonista»; es nuestro rival interior que nos revela nuestras debilidades y aguza nuestros puntos fuertes. Es el maestro, el entrenador y el guía que nos apoya en el descubrimiento de nuestra verdadera grandeza. La sombra no es un problema que debamos resolver, ni un enemigo al que debamos conquistar, sino un campo fértil por cultivar. Cuando hundamos nuestras manos en su rico suelo, encontraremos las potentes semillas de la persona que realmente deseamos ser. Deseamos de todo corazón que realices este viaje, porque sabemos lo que te espera dentro. 

Autora: debbie ford.

El Secreto de la Sombra

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Quince reglas para purificar las emociones

Publicado: abril 15, 2011 de administrador en Ecología Espiritual

QUINCE REGLAS PARA PURIFICAR LAS EMOCIONES

por Torkom Saraydarian

(Extractado del libro El Discípulo, Su Desafío Esencial. Editorial Kier.)

Reseña

Torkom Saraydarian (1917–1997) nació en Turquía procedente de una familia armenia. Fue un extraordinario ser humano. Se le ha reconocido mundialmente como gran académico de religiones comparadas. Fue un gran maestro, escritor, conferencista y compositor de música sacra. Dio más de 3.000 conferencias alrededor del mundo. Desde su infancia fue entrenado en las enseñanzas de la Sabiduría Eterna bajo la guía de su amado padre. A medida que creció, visitó monasterios, templos antiguos y escuelas esotéricas para encontrar las respuestas a sus preguntas sobre el hombre y el Universo. Estudio música y dominó instrumentos como el violín, el piano, el violonchelo y la guitarra. Compuso cientos de piezas musicales reflejo de su entrenamiento en la Sabiduría Infinita. Sus trabajos representan una síntesis de lo mejor y lo más bello de la cultura sacra del mundo al crear un verdadero acercamiento universal a la espiritualidad. El increíble legado que nos dejó es de 170 libros, la mitad de los cuales aún no ha sido publicada, así como cientos de piezas musicales, conferencias en audio y video y cursos de meditación. El notable logro en sus obras ha sido el de sintetizar y hacer entendible la enorme cantidad de conocimiento conocida como Sabiduría Eterna.

Torkom tuvo una honesta y gran cualidad, nunca engañó a sus estudiantes con falsas promesas o ilusiones, sino que los guió a través del largo y desafiante camino de la auto-transformación. Él era un firme creyente que los grandes logros requieren grandes esfuerzos.

Hay quince reglas sencillas para purificar las emociones. Muchas personas dirán que ya conocen estas reglas; pero porque las “conocen” ¡no las aplican!

1. Trata de evitar tus intereses egoístas. Siempre que introduzcas tu interés personal en tus pensamientos, acciones o palabras, estás creando feas emociones y suscitando emociones feas en los demás.

Si tomas cualquier problema del mundo, desde problemas familiares hasta problemas comerciales y de política internacional, y ahondas en sus causas, siempre encontrarás los gusanos del interés personal que están comiéndose los cimientos. El interés personal siempre te lleva en la dirección equivocada.

2. Evita la vanidad. La vanidad es una forma de autoengaño, en la que piensas que eres algo que no eres. Cuando yo era muy niño, mi padre me contó un cuento para instruirme acerca de la vanidad.

Un día un cuervo vio a un pavo real de bellísimas plumas que él admiraba muchísimo. Aguardó durante muchos días hasta que el pavo real empezó a cambiar sus plumas. Entonces las recogió y se adornó con ellas. El cuervo estaba muy ufano con su aspecto. Fue al espejo para admirarse.

Llamó a muchos pájaros para que acudieran a ver cuan bello había llegado a ser de repente.

De pronto, un fuerte viento que llegó sopló todas las plumas de pavo real y el cuervo quedó de pie, frente a sus amigos, como un pájaro negro desnudo. “De ahora en adelante” —me dijo mi padre solemnemente— “no te adornes con las plumas de los otros”.

No uses los logros y el talento de otras personas para parecer más grande. Esto es vanidad.

3. Evita la ira. La ira daña los pétalos de tus centros superiores. Tal vez esto no pueda demostrarse, pero es un hecho que después que estás enojado, durante varias horas no tienes energía. La ira es también peligrosa porque a menudo te hace hacer cosas que nunca habrías hecho si estuvieras en tus cabales.

4. Evita la codicia. La codicia altera la brújula de tu vida. Cuando te atrapa la codicia, te pareces a un avión atrapado en la corriente de un jet, que no puede hallar su rumbo. La codicia hace que a su tiempo quedes atrapado por una fuerza de la que no podrás liberarte. Esto imprime una carga tremenda de presión sobre tus cuerpos físico y mental, y perturba tu equilibrio. Cuando tu equilibrio emocional está perturbado, tu naturaleza física y mental no te servirán sino que te traicionarán.

5. Evita el temor. El temor hace que te identifiques con valores falsos y suposiciones falsas. Uno de mis Maestros en el monasterio me dijo una vez: “Sólo en la intrepidez absoluta está contenida la claridad de la consciencia”. Si tienes miedo, tu consciencia se disipa. Siempre que venzas todo temor, purificas tu consciencia y tu cuerpo, y ayudas a tu supervivencia y tu longevidad.

Tu temor hace que los demás te controlen, y todo ser humano controlado por otros se está suicidando. Pero nos gusta controlar a los demás, en vez de dejar que sean personas que se realizan solas. Cuando ejercitas el temor sobre los demás, eres un criminal, pero eres un criminal mayor si permites que otras personas te controlen inyectándote temor.

6. Evita la ostentación. La ostentación construye una personalidad falsa, y una personalidad falsa vive mediante emociones negativas. Una vez que empiezas a hacer ostentación, deberás alimentar continuamente esa personalidad falsa con emociones negativas para hacer que continúe existiendo.

7. Trata de comprender los puntos de vista de los demás. No saltes de inmediato a tus propias conclusiones cuando las personas se comportan de cierto modo. “Aquél no me saludó hoy. Debe estar enojado conmigo”. De inmediato, al decir esto, ya creaste mil y una emociones en tu corazón. Aunque tu conclusión fuera acertada, no necesitas crear esas emociones: por lo tanto, no saltes a conclusiones.

8. Reemplaza cada emoción negativa con una emoción positiva a través de la imaginación. La gente piensa que el pensamiento puede controlar a las emociones. Esto no es cierto. La imaginación controla a las emociones. Las emociones son más fuertes que los pensamientos en esta altura de nuestra evolución porque vivimos en el torbellino emocional; todavía no entramos en el torbellino mental.

Siempre que tengas una emoción negativa, trata de reemplazarla inmediatamente con la contraparte positiva. Por ejemplo, siendo niño, un amigo y yo pasábamos la noche en una cabaña en la montaña. Mi amigo estaba muy asustado. Decía: —Alrededor de la casa hay muchos osos y coyotes, ¡irrumpirán cuando estemos dormidos y nos comerán! El pobrecito estaba atrapado en sus emociones negativas. Le dije: —Hace cinco minutos vi cuarenta ángeles bailando alrededor de nuestra cabaña. Tenían enormes alas doradas y mantos de bellos colores… Y hay uno sentado en cada rincón de la cabaña. Si algún animal se atreve a entrar aquí, el ángel sacará su espada y le cortará la nariz… Hice una pausa. Él ya estaba durmiendo.

Por desgracia, la mayor parte de la humanidad es víctima de sus propias alucinaciones. Debemos liberamos de nuestras alucinaciones. En una ocasión, una mujer vino a pedirme consejo porque odiaba a otra y no podía soportar verle la cara. Trabajé con ella durante una hora efectuando los siguientes ejercicios una y otra vez:

Primero, imagina que caminas por la calle, y que ella camina hacia ti. Mírala y aparta tu rostro… Ahora ella viene de la dirección contraria y tú de pronto pasas junto a ella, la saludas y luego miras a otra parte…

Ahora tropieza con ella al pasar y dile: “Discúlpame, no quise hacerte año”… La cuarta vez que pases junto a ella, estréchale la mano. La quinta vez, abrázala y dile: “Te quiero”…

La semana siguiente, la mujer a la que yo aconsejara entró en una reunión. Al detenerse luego de trasponer la puerta, se volvió y vio a la misma mujer a quien antes odiara, que estaba de pie junto a ella. ¡De pronto, la abrazó!

Siempre que reemplaces una emoción negativa con una emoción positiva, rompes cristalizaciones de viejas imaginaciones y las reemplazas con imaginaciones sanas.

9. Aumenta diariamente tu imaginación positiva y creadora. Por ejemplo, por la mañana, bien temprano, cuando subas a tu auto para ir a trabajar, no pienses: “Me va a ocurrir un accidente… Los negocios andarán mal… Ese hombre va a venir de nuevo…” Todas estas cosas son posibles. Pero en lugar de ello, di: “¡Qué bello día es hoy! Hoy todo va a andar magníficamente…”. Esta clase de actitud te equipa con energía positiva para afrontar los hechos negativos. Esta es no sólo una técnica útil; puede salvarte realmente la vida.

10. Toma los hechos que podrían causarte irritación, ira, y emociones negativas, y mediante tu imaginación procura que no puedan influir sobre ti. Mírate en tu imaginación estando muy calmo y alegre.

Es importantísimo destruir tus apegos a objetos, personas y deseos porque todo aquello a lo cual te apegas mina tu energía. No dejes que la gente se apegue a ti o se identifique contigo, y tampoco te identifiques con ella. De este modo tendrás relaciones humanas más sanas. En mi experiencia como consejero, hallé que personas que acuden con problemas terribles de unas con otras, estuvieron en un tiempo fundidas, identificadas y apegadas; en pocas palabras: pegadas entre sí.

11. No busques las faltas de los demás. Siempre que empieces a tratar de encontrar defectos en los demás, ya sean éstos reales o irreales, verás que de ti emanarán emociones negativas. Cuando las emociones negativas empiezan a circular en tu organismo, ya intoxicaste tu organismo; contaminaste tu propia esfera de la consciencia

.

12. No te alegres con los fracasos de los demás. A cada uno de nosotros le gusta alegrarse cuando otras personas que no nos gustan fracasan. Pero al hacer esto, no sólo herimos a los demás; también nos herimos… porque “”ellos” son esencialmente “nosotros”.

13. Imagina diariamente, durante uno o dos minutos, que estás sentado junto a tu Maestro, cualquiera que éste sea. Esto te quitará muchas emociones negativas, y las destruirá.

14. Intenta diariamente efectuar durante unos momentos un silencio emocional total. Si aprendes esta técnica, será una gran bendición para ti. Una cosa es decir: “En la reunión de hoy no hablaré… No discutiré con esa mujer”. Algunas personas obtienen grandes resultados cerrando la boca; pero, ¿podrás silenciar tus emociones y no tener una reacción emocional, no importa lo que alguien te diga o haga?

Esta es una técnica importante que hay que dominar, porque quien domina sus emociones se vuelve amo de su vida. Puedes tener gran dominio mental, pero si no tienes dominio emocional, puedes destruirlo todo alrededor de ti.

15. Desarrolla la ternura. La gente piensa que ésta se refiere a dulces sonrisas, expresiones melifluas, movimientos melodiosos y ojos almibarados. La verdadera ternura no radica en las formas externas sino en el significado de las palabras, la voz y los modales tuyos. Si en tus expresiones hay amor, luz, belleza, justicia y libertad, eres una persona tierna. Pero si en ellas hay mala intención, calumnia, traición, mentiras e hipocresía, entonces no importa cuáles sean tus expresiones, eres una persona tosca.

Algunas de estas quince reglas tal vez parezcan juegos, pero debajo de ellas hay una gran ciencia sobre el uso de la energía en el conocimiento creador. Estas son quince reglas para el dominio de la vida.

La Mirada

Publicado: noviembre 2, 2010 de administrador en Ecología Espiritual

El pensamiento objetivo es la mirada que viene de Arriba. Una mirada libre; la mirada que ve. Sin esa mirada puesta en mi, viéndome, mi vida es una vida de ciego, que va donde lo lleva cada impulso, sin saber cómo ni porqué. Sin esa mirada puesta en mí, no puedo saber que existo.
Tengo la capacidad de elevarme por encima de mi misma y de verme libremente…de ser vista. Tengo la capacidad de que mi pensamiento no sea esclavizado. Para ello necesita desasirse de todas las asociaciones que lo mantienen cautivo, pasivo. Tiene que cortar las ataduras que lo unen a todas esas imágenes, a todas esas formas. Tiene que liberarse de la atracción constante del sentimiento. Necesita sentir el poder que tiene que resistir a esa atracción, de verla, de ir elevándose por encima de ella. En ese movimiento se va volviendo activo; se activa depurándose; y así encuentra una meta, una meta única: pensar “Yo”, entrar en ese misterio.
De lo contrario, los pensamientos son solo ocasiones y objetos de esclavitud, redes donde el pensar real pierde su poder de objetividad y de actividad voluntaria. Enturbiado por las palabras, las imágenes y las formas que lo solicitan, pierde la facultad de ver. Pierde el sentido del Yo. Y entonces ya no soy mas que un organismo a la deriva. Un cuerpo privado de inteligencia. Sin esa mirada estoy obligado a volver al automatismo y a la ley del accidente.
Esta mirada me sitúa y a la vez me libera. Y en mis mejores momentos de recogimiento tengo acceso a un estado donde me es dado, experimentar, sentir el efecto benéfico de esa mirada que desciende sobre mi, que me abarca entera. Siento que irradia sobre mi.
En cada ocasión, el primer paso es reconocer que algo falta; siento que es necesario un pensar, un pensar libre, vuelto hacia mí, para que pueda de veras tomar conciencia de mi existir. Un pensar activo, que no tiene otra meta ni otro objeto que Yo….volver a Mi.
Esa es mi lucha, una lucha contra la pasividad de mi pensamiento. Una lucha sin la cual ya nada consciente podrá darse, ni podrá nacer. Es una lucha por salir de la ilusión del “Yo” en la que vivo, para aproximarme a una visión mas real. En medio de esta lucha se crea un orden en el caos, una jerarquía: se revelan dos planos, dos mundos. Mientras no hay mas que un plano, no puede haber mas visión. El reconocimiento de otro nivel es el despertar del Pensamiento.
Sin este esfuerzo, el vuelve a caer en un sueño poblado de palabras, de imágenes, de nociones consabidas, de saberes aproximativos, de ensoñaciones y desasosiegos diversos. Es el pensar de un hombre sin inteligencia. Es terrible darse cuenta de pronto que ha vivido sin un pensar propio, independiente. Sin inteligencia. Sin nada que pueda ver lo real. Y por tanto sin conexión con el mundo de Arriba.
Es en mi esencia, donde me reúno con el que ve. Si pudiera mantenerme en ella, estará en la fuente misma de la que mana algo único, estable, en la fuente de lo que no cambia.
Jeanne de Salzmann

A los pies del maestro

Publicado: abril 5, 2010 de administrador en Ecología Espiritual

La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diariamente, hasta el fin.

Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrarse las cosas dignas de ser alcanzadas. Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos otros.

En el mundo hay dos clases de seres: los sabios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo.

Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso.

Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos discernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista.

Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hombre, y la voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mismos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. No confundáis con vosotros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vuestro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño.

Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: “Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas.” Pero el sabio dice: “Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar.” A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: “¡Qué molestia me causa esto! Dejemos que otro lo haga.” Pero el hombre le replica a su cuerpo: “Tú no me estorbarás para practicar el bien.”

El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cuidarlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimentarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamente limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais soportar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.

El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envidia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión. El cuerpo astral quiere todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio constante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pensar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros propios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás. Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las diferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discernimiento. Debéis vigilar constantemente, so pena de fracaso.

El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. Debéis estudiar profundamente las leyes ocultas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, empleando siempre la razón y el sentido común.

Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importancia. Porque debéis ser siempre amables y cariñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma libertad que necesitáis para vosotros mismos.

Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las cosas por su aparente grandeza. Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas.

Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.

No obstante, por sabios que seáis, tenéis mucho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. Debéis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil.

Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; mas, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien.

Debéis saber distinguir lo falso de lo verdadero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra.

Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar. ASÍ pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un millar de hombres acerca de algún asunto que desconozcan no tiene ningún valor. Los que piensan hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las ligaduras de que totalmente debéis desembarazaros.

En lo tocante a los demás, vuestros pensamientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.

Si un hombre hace algo que parezca perjudicaros, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: “Quiere ofenderme.” Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribulaciones y pensamientos, que flotan principalmente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis: “Me odia, trata de herirme.” Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza eventualmente con vosotros, descarga su cólera en vosotros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio equivocado.

Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pensamientos comparándolos con los Suyos. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe procurar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son perfectos, puesto que Él lo sabe todo. Los que todavía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a menudo: “¿Qué pensaría el Maestro en estas circunstancias?” “¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?” Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndolo, diciéndolo o pensándolo.

Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración.

Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna persona, no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.

Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal.

Debéis distinguir entre el egoísmo y el desinterés; porque el egoísmo se presenta bajo muchas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. Pero gradualmente os irá animando tan por completo el pensamiento de ayudar a los demás, que no habrá lugar ni tiempo para pensar en vosotros mismos.

También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. Podéis ayudar a vuestros hermanos por medio de lo que tenéis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.

Krishnamurti

Para Meditar

Publicado: abril 23, 2007 de administrador en Ecología Espiritual

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Nadie busca un río en el desierto,
ni a un príncipe entre mendigos,
ni una perla en el barro,
ni al Santo entre los pobres.

 

Los reyes habitan en palacios;
los poderosos, en castillos;
los dioses, en templos;
y Tú. mi Señor, en mi corazón.
¿Por qué un huésped tan digno
se refugia en tan pobre morada?
¿Quién te recomendó tan insólito santuario?

 

En lo recóndito del hombre disimulas tu presencia.
En los entresijos del alma te has refugiado..
En medio de alimañas te has retirado.
¿De quién te escondes? ¿De mí, que te albergo?

 

¿Eres un espejismo del alma?
¿Una sombra de la imaginación?
¿Un desliz de la razón?
¿O realmente moras en mi interior?

 

Qué fácil es captar tu presencia en las estrellas,
en las montañas o en el mar!
O reconocerte disfrazado de niño, de anciano o de amigo.
Te intuyo camuflado en la historia,
en la ciencia y en la belleza.
Pero ¡qué difícil resulta hallarte
en la penumbra de mi corazón!

 

Si en las cimas más altas te alojaras,
allí escalaría para estar contigo.
Si en los abismos reposaras,
en ellos me sumergiría para vislumbrar tus destellos.
Si un lejano planeta te albergara,
hasta él viajaría para alcanzarte.
Pero si en mi corazón te escondes,
¿hacia dónde dirigir mi caminar?
¿Qué compuerta abriré?

 

¿Tendré que desnudar mi alma buscándote?
¿Tendré que desgarrar mi interior para encontrarte?
¿En qué rincón me aguardas silencioso?
¿Qué estancia has preparado para el encuentro?

 

¿Por cuántos pozos tendré que descender?
¿Cuántos barrancos tendré que cruzar?
¿Cuántos secretos tendré que desvelar?
¿Cuántos peligros tendré que sortear?
Y al final, ¿estarás realmente Tú y no yo?

 

Quiero escudriñar mis pensamientos,
sondear las profundidades de mi ser,
recorrer las cavernas de mi alma,
explorar los recovecos de mi memoria,
deslizarme por los muros de mis pasiones,
pasear por el jardín interior
y esperar impaciente tu venida.

 

Permaneces agazapado en una grieta de la conciencia,
oculto tras un recuerdo olvidado,
mezclado con un sentimiento desconocido
o inspirando una sólida intuición.
Allí estás Tú, vida, luz, sabiduría y fermento.

 

Humillas al presuntuoso que no se deja sorprender.
Despistas al altivo que te pretende atrapar.
Desconciertas al impetuoso que te persigue
y no sabe esperar.
En cambio, te acercas a aquel que precisa tu auxilio
y se rinde a tu realidad.

Autor: Josep Otón Catalán.

Libro:«Inconsciente, ¿morada de Dios?»

Editorial: editorial Sal Terrae.

 

 

 

Un nuevo Ciclo comienza

Publicado: diciembre 22, 2006 de administrador en Ecología Espiritual


Si pudiésemos representar gráficamente la evolución sería como una espiral donde cada anillo es distinto al precedente y apuntando siempre en una dirección ascendente. El hombre desligado de lo natural vive cada ciclo anual inmerso en la monotonía y en el desasosiego, en un estado de “sueño profundo” que lo lleva a no percibir la llamada incesante de la MADRE.

La naturaleza nos indica un ritmo cíclico donde todas sus criaturas se “someten” a su Ley, pero el hombre acostumbrado a transgredirla constantemente, se sigue perdiendo inexorablemente en su desnaturalización, es decir; mientras la naturaleza dibuja en el mapa de la evolución una gráfica cíclica y rítmica perfecta, el hombre dibuja otra totalmente arítmica con lo Natural .

Roto ese cordón umbilical que le unía a la creación, desea equivocadamente dominarla, cuando lo propio sería adherirse a ella y percibir su influencia en nosotros. Si pretendemos retomar nuestro compromiso con la creación y percibir el espíritu que nos anima se hace necesario forjar una alianza entre nosotros y el medio que nos rodea, es decir, vibrar en la misma nota armónica.

La Navidad, mas que por el hecho histórico debe tener para nosotros una importancia mas profunda y es el comienzo del Solsticio de Invierno.Si miramos y observamos a nuestro alrededor nos puede dar la sensación que la naturaleza se ha detenido, todo parece estar “muerto”, pero todo lo contrario, en esta época del año la actividad tiene lugar debajo de la tierra en la oscuridad. Después de la Expansión de la Primavera y del Verano, viene la Contracción del Otoño y del Invierno, podemos considerar entonces que hay dos ritmos primordiales en el Universo EXPANSION-CONTRACCION, (sístole y diástole en nuestro corazón). Así como en el Verano es una preparación para la contracción (Oscuridad, Inspiración) el Invierno es una preparación para la Expansión (Luz, espiración). Con esta simple observación podemos intuir cual deberían ser nuestras actitudes en este nuevo Ciclo que comienza. Procura estar a la escucha de tu propio ritmo vívelo en CONCIENCIA, AMOR Y ALEGRIA para que puedas renacer a la verdadera VIDA .

QUE LA PAZ SE PERPETÚE EN VUESTROS CORAZONES

autor: H.C.F.

 

La Naturaleza y lo Divino

Publicado: diciembre 10, 2006 de administrador en Ecología Espiritual

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Mantener habitualmente contacto y relación con la Naturaleza ha sido recomendado por todos los Sabios desde la más remota antigüedad, como requisito fundamental en la Realización Espiritual.  El respeto por toda forma de vida en la Tierra, como condición y principio directriz en el Camino hacia la Luz puede y debe ponerse en práctica, a través de la observación, la exploración y el contacto directo con los diferentes elementos de nuestro planeta.

La Naturaleza era para las culturas patriarcales (hebrea, cristiana, etc.) la expresión del Demiurgo (Creador) y todas sus criaturas, “hijos” del mismo. El principio Masculino de Dios Padre en un primer momento, en un acto de Amor Supremo, crea y da la Vida, a través de las múltiples formas del mundo y de los seres. Sin embargo, en las culturas matriarcales (algunas pre-hispánicas, africanas, nord-europeas, etc.), la Naturaleza es la propia Diosa Madre, el Principio Fecundador, al cual se le rinde culto y se celebra en su nombre, la existencia de la Vida. La diferencia es clara: en la primera cosmovisión, la Naturaleza es un resultado, tras el cual escruta la que se encuentra la “mirada” del Padre Creador; en el segundo, es la encarnación de la misma Diosa de la Vida, Ella y la Naturaleza, son una misma Realidad. Sin embargo, ya en el mismo Cristianismo primitivo la importancia del Principio Femenino se hace patente y desafía, en parte, la primacía del Dios patriarcal. Su expresión más clara puede comprobarse en la Virgen María, la Madre, la cual es considerada como la generadora de una vida superior, haciendo posible que en la Tierra encarne el Hijo de Dios (el cual es también Hijo del Hombre). Posteriormente, ya en el siglo XII y XIII, la Orden del Temple, toma a la Virgen María, como la “patrona” fundamental de la Orden. A ella piden los nobles Caballeros Templarios que les inspiren  para conducir sus pasos (en el campo de batalla y en la vida ordinaria) por el Sendero de la Pureza y del Amor, siendo considerada la Gran Dama, Nuestra Señora, expresión del Amor Sublime.

Este Principio Femenino de la Divinidad lo encontramos igualmente en otras Tradiciones Espirituales (en el hinduismo, por ejemplo), y en casi todas se le reconoce como la Generadora de la vida, la gran gestadora y por extensión, la Tierra, la casa del Alma humana, mientras está encarnada en este mundo dual. Por ello, grandes Místicos, como San Francisco de Asís, insistieron, en la importancia de respetar e incluso saber comunicarse con cualquier forma de Vida (animal, vegetal, mineral), aprendiendo su “propio y particular lenguaje”. Por supuesto, hay que comprender que no se trata del lenguaje racional ni mental humano, sino de la VIVENCIA que suscita entrar en contacto y dejarse impregnar por lo que sí nos pueden transmitir distintos seres de la naturaleza. La sutileza del aire, la frescura de la hierba de los prados, la firmeza cálida de los grandes árboles, la belleza del cielo soleado, etc., no tienen copia posible; se puede, todo ello, percibir fríamente como fenómenos externos, pero también se pueden y deben SENTIR y VER con los ojos del Alma, del Corazón. Esto propicia una EXPERIENCIA espiritual genuina, de profunda Unidad con la Vida que se respira y por doquier se expande por la Naturaleza. Realmente, la Naturaleza es única. Por lo tanto, desde un punto de vista espiritual, se puede afirmar que la Naturaleza es el mismo Dios encarnado, o el mismo Principio femenino Divino en su expresión pura, donde la Inteligencia Cósmica ha ideado, medido y estructurado en un Todo coherente y armónico las infinitas interrelaciones entre todos los elementos y seres que existen en ella.

Ecología Espiritual

Sin embargo, hay un ser que no respeta y se rebela ante este Orden: el ser humano, que haciendo un uso desproporcionado de su libertad, explota, esquilma y arrasa cuanto se le antoja, con la peligrosa y destructiva tecnología que ha ido inventando (especialmente en el último siglo).Las devastadoras consecuencias de tal inconsciencia ya han sido advertidas por numerosos científicos, e incluso reconocidas hace poco por algunos políticos de relieve mundial. ¿A qué estamos esperando? Quizás, pienses, estimado lector, “esto no va conmigo, yo no puedo detener esta locura”. O quizás SI… Es posible que no puedas tu sólo salvar al mundo, pero sí puedes aportar tu grano de arena, tu pequeña, pero muy valiosa labor. ¿Cómo? Siguiendo algunos de los preceptos  de los Antiguos Maestros de Sabiduría de todos los tiempos, en relación a la Naturaleza: Respeta siempre la Vida: protégela, apóyala, consérvala, desde un pequeño insecto hasta al más grande árbol que conozcas. Escucha a la Naturaleza: empezando por los procesos naturales de tu cuerpo (no lo fuerces, respeta los ciclos naturales) y siguiendo por prestar una atención relajada y serena a los cambios y transformaciones naturales del resto de los seres vivos. ¿Qué puedes aprender de ellos? Rodéate de elementos naturales: pasea, respira, explora, en la montaña, en el mar, en cualquier medio natural, tan a menudo como te sea posible.

Actúa conforme a la Naturaleza: desde el catarro que necesitas curarte (acude primero a los remedios naturales), hasta la basura que generas en tu casa. Piensa como tus actos influyen en el Todo, de modo ecológico, y actúa en consecuencia, en vez de aferrarte a la ignorancia interesada del ego.

Esta manera activa, consciente y responsable de actuar en y conforme a la Naturaleza la podemos denominar Ecología Espiritual, siendo la vinculación con la Naturaleza, no sólo por motivos estrictamente materiales ó estéticos, sino fundamentalmente por razones espirituales. Amar al Naturaleza es amar lo Divino; explotarla, despreciarla, ignorarla inconscientemente es alejarse de la Divinidad. Superar el mecanicismo y el materialismo, que impregna casi todo en este mundo, es fundamental en este Siglo XXI, trascender la idea del “Cosmos como una gran máquina en un espacio vacío” para dar paso a una VIVENCIA revitalizadora, incluyente, respetuosa donde el Hombre forma parte de la Creación. De esta manera, podremos entrar en resonancia y comunicación con las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, donde seres espirituales guardan y alimentan las formas materiales de los diferentes reinos. Y así, estaremos cumpliendo la verdadera misión para la que estamos destinados como seres humanos, si ejercemos correctamente la libertad: ser potenciadores del Crecimiento Espiritual de cuanto nos rodea.

J.A.A., Instructor General de la O.C.I.R.O.