La Naturaleza y lo Divino

Publicado: diciembre 10, 2006 de administrador en Ecología Espiritual

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Mantener habitualmente contacto y relación con la Naturaleza ha sido recomendado por todos los Sabios desde la más remota antigüedad, como requisito fundamental en la Realización Espiritual.  El respeto por toda forma de vida en la Tierra, como condición y principio directriz en el Camino hacia la Luz puede y debe ponerse en práctica, a través de la observación, la exploración y el contacto directo con los diferentes elementos de nuestro planeta.

La Naturaleza era para las culturas patriarcales (hebrea, cristiana, etc.) la expresión del Demiurgo (Creador) y todas sus criaturas, “hijos” del mismo. El principio Masculino de Dios Padre en un primer momento, en un acto de Amor Supremo, crea y da la Vida, a través de las múltiples formas del mundo y de los seres. Sin embargo, en las culturas matriarcales (algunas pre-hispánicas, africanas, nord-europeas, etc.), la Naturaleza es la propia Diosa Madre, el Principio Fecundador, al cual se le rinde culto y se celebra en su nombre, la existencia de la Vida. La diferencia es clara: en la primera cosmovisión, la Naturaleza es un resultado, tras el cual escruta la que se encuentra la “mirada” del Padre Creador; en el segundo, es la encarnación de la misma Diosa de la Vida, Ella y la Naturaleza, son una misma Realidad. Sin embargo, ya en el mismo Cristianismo primitivo la importancia del Principio Femenino se hace patente y desafía, en parte, la primacía del Dios patriarcal. Su expresión más clara puede comprobarse en la Virgen María, la Madre, la cual es considerada como la generadora de una vida superior, haciendo posible que en la Tierra encarne el Hijo de Dios (el cual es también Hijo del Hombre). Posteriormente, ya en el siglo XII y XIII, la Orden del Temple, toma a la Virgen María, como la “patrona” fundamental de la Orden. A ella piden los nobles Caballeros Templarios que les inspiren  para conducir sus pasos (en el campo de batalla y en la vida ordinaria) por el Sendero de la Pureza y del Amor, siendo considerada la Gran Dama, Nuestra Señora, expresión del Amor Sublime.

Este Principio Femenino de la Divinidad lo encontramos igualmente en otras Tradiciones Espirituales (en el hinduismo, por ejemplo), y en casi todas se le reconoce como la Generadora de la vida, la gran gestadora y por extensión, la Tierra, la casa del Alma humana, mientras está encarnada en este mundo dual. Por ello, grandes Místicos, como San Francisco de Asís, insistieron, en la importancia de respetar e incluso saber comunicarse con cualquier forma de Vida (animal, vegetal, mineral), aprendiendo su “propio y particular lenguaje”. Por supuesto, hay que comprender que no se trata del lenguaje racional ni mental humano, sino de la VIVENCIA que suscita entrar en contacto y dejarse impregnar por lo que sí nos pueden transmitir distintos seres de la naturaleza. La sutileza del aire, la frescura de la hierba de los prados, la firmeza cálida de los grandes árboles, la belleza del cielo soleado, etc., no tienen copia posible; se puede, todo ello, percibir fríamente como fenómenos externos, pero también se pueden y deben SENTIR y VER con los ojos del Alma, del Corazón. Esto propicia una EXPERIENCIA espiritual genuina, de profunda Unidad con la Vida que se respira y por doquier se expande por la Naturaleza. Realmente, la Naturaleza es única. Por lo tanto, desde un punto de vista espiritual, se puede afirmar que la Naturaleza es el mismo Dios encarnado, o el mismo Principio femenino Divino en su expresión pura, donde la Inteligencia Cósmica ha ideado, medido y estructurado en un Todo coherente y armónico las infinitas interrelaciones entre todos los elementos y seres que existen en ella.

Ecología Espiritual

Sin embargo, hay un ser que no respeta y se rebela ante este Orden: el ser humano, que haciendo un uso desproporcionado de su libertad, explota, esquilma y arrasa cuanto se le antoja, con la peligrosa y destructiva tecnología que ha ido inventando (especialmente en el último siglo).Las devastadoras consecuencias de tal inconsciencia ya han sido advertidas por numerosos científicos, e incluso reconocidas hace poco por algunos políticos de relieve mundial. ¿A qué estamos esperando? Quizás, pienses, estimado lector, “esto no va conmigo, yo no puedo detener esta locura”. O quizás SI… Es posible que no puedas tu sólo salvar al mundo, pero sí puedes aportar tu grano de arena, tu pequeña, pero muy valiosa labor. ¿Cómo? Siguiendo algunos de los preceptos  de los Antiguos Maestros de Sabiduría de todos los tiempos, en relación a la Naturaleza: Respeta siempre la Vida: protégela, apóyala, consérvala, desde un pequeño insecto hasta al más grande árbol que conozcas. Escucha a la Naturaleza: empezando por los procesos naturales de tu cuerpo (no lo fuerces, respeta los ciclos naturales) y siguiendo por prestar una atención relajada y serena a los cambios y transformaciones naturales del resto de los seres vivos. ¿Qué puedes aprender de ellos? Rodéate de elementos naturales: pasea, respira, explora, en la montaña, en el mar, en cualquier medio natural, tan a menudo como te sea posible.

Actúa conforme a la Naturaleza: desde el catarro que necesitas curarte (acude primero a los remedios naturales), hasta la basura que generas en tu casa. Piensa como tus actos influyen en el Todo, de modo ecológico, y actúa en consecuencia, en vez de aferrarte a la ignorancia interesada del ego.

Esta manera activa, consciente y responsable de actuar en y conforme a la Naturaleza la podemos denominar Ecología Espiritual, siendo la vinculación con la Naturaleza, no sólo por motivos estrictamente materiales ó estéticos, sino fundamentalmente por razones espirituales. Amar al Naturaleza es amar lo Divino; explotarla, despreciarla, ignorarla inconscientemente es alejarse de la Divinidad. Superar el mecanicismo y el materialismo, que impregna casi todo en este mundo, es fundamental en este Siglo XXI, trascender la idea del “Cosmos como una gran máquina en un espacio vacío” para dar paso a una VIVENCIA revitalizadora, incluyente, respetuosa donde el Hombre forma parte de la Creación. De esta manera, podremos entrar en resonancia y comunicación con las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, donde seres espirituales guardan y alimentan las formas materiales de los diferentes reinos. Y así, estaremos cumpliendo la verdadera misión para la que estamos destinados como seres humanos, si ejercemos correctamente la libertad: ser potenciadores del Crecimiento Espiritual de cuanto nos rodea.

J.A.A., Instructor General de la O.C.I.R.O.

 

 

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