La Parábola del Mono

Publicado: mayo 13, 2008 de administrador en Cuentos e historias que enseñan

 

Una Ilustración de los Efectos de la Percepción Distorsionada.

Para ilustrar este punto me gustaría explicarles la parábola del Mono.

Un Maestro Budista Chino y sus tres discípulos, Mono, Rubio y Cerdito, fueron en peregrinación a la India en busca de Escrituras budistas. El Maestro estaba practicando una forma de meditación de concentración muy dura en la que se adhería de forma estricta a los preceptos y controlaba los sentidos a tal grado que su consciencia introspectiva de lo que ocurría a su alrededor afloraba al exterior. Mono era el único miembro del grupo que mantenía una consciencia tal. Incluso notaba la presencia de demonios o de espíritus diabólicos.

En un momento del viaje todos estaban hambrientos, en especial Cerdito, que tenía tantas ganas de comer que el discípulo Mono tuvo que dejar a sus compañeros e ir en busca de comida. Puesto que era consciente de que se acercaban al territorio del Demonio de Huesos Blancos, al que le apetecía todo tipo de carne, trazó un círculo en el suelo y dijo al Maestro y a los otros discípulos que permanecieran en su interior. Así Mono podía marchar sin que el Demonio tuviera oportunidad de acercarse. Les recalcó mucho que no se movieran del interior del círculo, pasara lo que pasara, hasta que él volviera pues este era el único método para que estuvieran seguros durante su ausencia. No paró de insistir en ello. Tras ello el discípulo Mono salió en busca de comida.

Poco después de que Mono partiera, el Demonio de los Huesos Blancos se disfrazó, en forma humana, de jovencita que llevaba una cesta, y caminó hasta el lugar en el que esperaban el Maestro chino y sus dos discípulos. Al vislumbrarla, Cerdito se puso muy contento. Estaba totalmente convencido de que la joven traía algo para que el grupo comiera. Es algo típico de la cultura Oriental; cuando un monje ve a un laico que viene hacia él con algo en las manos, piensa inmediatamente en que le traen una ofrenda. Esto fue lo que le pareció a Cerdito, el hambriento. Como respuesta a su percepción y hambre, Cerdito olvidó el consejo de Mono y salió corriendo del círculo para ayudar lo que parecía una devota budista a llevar su cesta. El Demonio disfrazado era una buena actriz y sabía exactamente como camelar a Cerdito, al Maestro y a Rubio. Cuando llegó al círculo sabía que se trataba de un círculo de poder que podía dañarla si penetraba en él. Por ello, permaneció fuera e invitó a los monjes a que salieran de él. A causa de su ignorancia, y de su percepción totalmente distorsionada, respondieron a su llamada. En ese instante Mono era claramente consciente y sabía que el demonio de los Huesos Blancos estaba atacando al Maestro y a sus amigos. Utilizando todos sus poderes volvió rápidamente. Sin vacilación alguna mató, con su varita mágica, al Demonio disfrazado. Este se convirtió en negras nubes que cubrieron el cielo y los amenazaron con rayos y truenos.

El Maestro estaba muy sorprendido de que su discípulo Mono hubiera violado el precepto budista de no matar. Se puso furioso con él y lo regaó por su mala acción. Aunque Mono trató de explicarle que no había matado a un Ser humano sino al poderoso Demonio de Huesos Blancos disfrazado de joven. El Maestro no quedó convencido de ello y no habló más del tema, guardándose dentro de sí la furia. Siguieron su camino con el discípulo Mono abriendo la marcha.

Cada vez que Mono se distanciaba de la vista algo les ocurría al resto. Esta vez se encontraron con una anciana, que preguntó a los monjes si habían visto a su hija por algún sitio. De nuevo Mono se dio cuenta, gracias a su elevada y siempre atenta consciencia, del peligro que se cernía sobre el grupo. Volvió lo antes que pudo y descubrió al mismo demonio disfrazado de anciana. Bruscamente la golpeó con su poderosa varita. Esta vez el Maestro perdió totalmente el control. Expulsó a Mono en su creencia de que el discípulo había matado a dos seres humanos a lo largo del viaje. (Lo que está totalmente en contra de la disciplina y el código de conducta budistas). Mono no discutió con su Maestro, solo le informó de la verdad; de haber destruido al demonio que trataba de engañarlos y comerse su carne. Luego dejó el grupo taI como deseaba su Maestro.

El grupo viajó de este modo, sin Mono, hasta que se vieron frente a la situación de mayor peligro. Al final desearon que Mono estuviera allí para ayudarles y en ese preciso instante acudió y finalmente destruyó al Demonio de los Huesos Blancos, sin dejar traza alguna. Salvó al Maestro, a sí mismo y a sus discípulos amigos.

En esta historia antigua existen dos puntos básicos. El primero es la compartida percepción distorsionada que dictó tanto a Cerdito como al Maestro a actuar en conformidad con sus ideas preconcebidas, relacionadas con sus emociones y su hambre. Fuertemente condicionados por lo antiguo, no podían ver lo nuevo tal como era. Por el contrario, lo experimentaron en el contexto de lo viejo. Este es el modo en que la realidad fáctica puede verse distorsionada por la percepción. En segundo lugar, el discípulo Mono era el único que poseía la cualidad de la consciencia impecable y de la percepción precisa. Estaba atento a su entorno y era consciente del peligro que se produciría durante el viaje a causa de la conciencia demoníaca. Por ello, era capaz de responder a la fuerza negativa de forma contundente, sin dudar y sin llegar a ser victima de ella.

Se trata también de un buen ejemplo para distinguir la consciencia de la concentración. La concentración establece un contacto directo con lo obvio, o lo que está sucediendo en el momento, haciendo comprometer al practicante con ideales, nociones preconcebidas y objetivos fijos de modo que no queda espacio para que lo nuevo y lo obvio establezcan contacto. La consciencia nos permite el estar totalmente en contacto con el Ahora, el presente creativo, mediante el que la persona que está siempre consciente puede saber y ver aquello que está sucediendo, «delante, detrás y a su alrededor.» Una persona de estas características no confunde, en momento alguno, la realidad con la irrealidad.

Del libro “Retorno al Origen” de Dhiravamsa

 

 

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comentarios
  1. Jose Luis dice:

    Ha sido un placer esta parabola y volver a recordar a Dhira, esa presencia que un dia tanto me impacto, tanto como sus enseñanzas,que ya nunca podre olvidar.Le conoci en un curso que impartia con Manuel Almendro, y volvi a repetir pero ahora hace ya 9 años que no asisto a ningun curso ni retiro, pero se lo recomiendo a quien pudiera estar interesado.

  2. Bryan dice:

    Como es k el Ser se vieron frente a la situación de mayor peligro

  3. joseibarra dice:

    fijense que cuando me meto a leer estas cosas mas me convenzo de mi fe en CRISTO yo no tengo problemas de sujetarme a cosas tan confusas que se necesita un entendimiento aparte del sentido comun yo me sujeto cuando CRISTO dice en su palabra conoceme ami y conoceras la verdad que te liberara de todas esas cosas

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